Los Puertos en blanco

Los Puertos en blanco
Nevada 18 de Enero de 2017

miércoles, 11 de diciembre de 2019

LA LAGUENA


La Wikipedia dice: “La launa es una arcilla magnésica de estructura pizarrosa y color gris azulado, que resulta de la descomposición de las pizarras arcillosas, y que por sus magníficas propiedades impermeables y aislantes es utilizada para cubrir hornos y tejados (que reciben la denominación de ‘terraos’) en la comarca de la Alpujarra granadina, la Alpujarra Almeriense y en la del Campo de Cartagena, donde recibe la denominación de láguena.“ 






Paredes de láguena con arbustos de Crithmum (verdes), Limoniums (pequeños) y Periplocas (grandes)
Me consta que mucha gente se refiere a la láguena con cierto desdén y menosprecio. A mi personalmente es un paisaje que me encanta y que en algunas zonas de la costa llega a tomar tintes de fantasía.

Las láguenas, las laderas de láguena, suelen aparecer en zonas muy erosionadas y áridas, y son comunes por toda la sierra litoral de Cartagena. En la costa de la Muela donde se rompen los montes al llegar al mar son frecuentes los taludes y desprendimientos de láguenas azules, rosas, rojas, blancas… hay zonas en que no sabes que es más verde si el mar o la roca.
Las cubiertas y los hornos de láguena aparecen tanto en las excavaciones arqueológicas de época romana como hoy en día en las antiguas casas de campo de zonas aisladas en las que todavía es posible ver la que fueran viviendas rurales tradicionales del campo Cartagena (especialmente zona litoral). Unas casas pequeñas, con las esquinas redondeadas, encaladas en blanco, cúbicas y con el “terrao” de láguena azul brillante.
Esta misma casa nuestra todavía conserva su cubierta original de láguena bajo la actual de baldosas que la cubre. 

Láguenas de colores
Si algún día pasáis por Cartagena acercaros por los bares de la zona del puerto y del ayuntamiento viejo y pediros una láguena, un chupito de vino dulce y anís (50/50). Está muy bueno y entra peligrosamente bien.




    Uno de los elementos que le confieren esa especial singularidad a la arquitectura alpujarreña son los 'Terraos' (terrados, en "fino"): se trata de un tejado o cubierta plana, de un característico color gris azulado resultante de la impermeabilización mediante una arcilla o tierra especial denominada láuna, sobre los que sobresalen unas chimeneas típicas, de forma troncocónica de 0,75 a 1,50 m. de altura, las cuales se rematan con una especie de sombrerete realizado con una lasca de pizarra sobre la que descansa un castigadero. No obstante, en la actualidad el término 'terrao' se ha extendido y con frecuencia se aplica a cualquier cubierta plana de un edificio.

    Los terraos típicos son normalmente accesibles (practicables) desde la calle, llegando incluso (en los pueblos situados en pendientes muy pronunciadas) a estar al mismo nivel de esta, o bien desde la propia casa a través de una pequeña lumbrera o lucernario (con forma de castillete abierto por una de sus caras). Siendo utilizados a modo de terraza (aunque desprovista de barandas o muros de protección) como punto de reunión para los vecinos y como secadero de diferentes productos agrícolas: higos, tomates, uvas, etc. 



    La forma más usual de construcción es: sobre un forjado de troncos de madera rectos (llamados vigas o cargaderos) y confeccionado a partir de los árboles disponibles en el lugar: fresno, castaño, almez, álamo, etc., se dispone un cañizo (entramado de caña tejida con esparto) o zarzo como base del terrao. A pesar de su duración (superior por término medio a los treinta años) en contacto con la humedad de la láuna tienden a pudrirse, razón por lo que para protegerlo de esta se solía colocar una capa vegetal (predominantemente de: adelfa, retama, la propia monda de las cañas, etc.) y tierra que reciben el nombre de: chasca y / o malhecho; tras la aparición del plástico en láminas, esta capa ha sido sustituido por este material mucho más aislante y duradero, entre capas de arena fina (para evitar su rotura al ser pisado). No obstante conviene destacar el siguiente comentario de J.A. López (pg. 74) al respecto:
Una práctica errónea que se ha extendido bastante, es la colocación de una lámina de polietileno (plástico) debajo de la capa de láuna, para evitar las goteras. Con este sistema se frena la ventilación natural que las alfanjías necesitan y terminan pudriéndose. El plástico conlleva además un segundo inconveniente como es la imposibilidad de pisar encima si no es perforándolo, por los que se acaba con la costumbre de los vecinos de sentarse den las azoteas durante las puestas de sol.

'Terrao' (semiderruido) con lascas de pizarra
    En las zonas de alta montaña y lugares donde abunda la pizarra es corriente sustituir el cañizo por lascas de este material, colocadas directamente sobre la madera (foto anterior) y que, aunque para muchos constructores resultan excesivamente pesadas, tienen la gran ventaja de su inalterabilidad. En otros lugares, para facilitar la distribución de las lascas sobre los troncos, se disponen en cruz un entramado de ramas de menor grosor, denominadas alfanjías o alfarjías.

    Los 'terraos' se compartimentan o limitan con un murete o realzado, siguiendo los muros de carga de la vivienda, llamado 'castigadero', y que en las paredes exteriores sirve para sostener un pequeño alero de unos 10 - 20 cm., construido a base de lozas - lascas de pizarra denominadas 'beril'; los desagües, aunque podían bajar el agua por la pared utilizando canales realizadas con troncos de pita huecos, lo más usual es que se apartara mediante piedras planas o gárgolas de diversos materiales: madera (como la pita), zinc, cerámica o piedra.

    Los 'terraos' deben tener una pendiente que oscila entre el 2% y el 5% (excepcionalmente superior), la cual pude proceder tanto por la inclinación que se le den a los maderos sobre los que monta, como por una mayor acumulación de láuna en el mismo.
Una inclinación inferior a las indicadas provocaría el encharcamiento del 'terrao' mientras que una superior facilitaría el arrastre de la tierra y descarnaría la láuna. En cualquier caso resulta necesario "recargar" o "recebar" los terrados periódicamente, cada 1-2 años hasta incluso 5 o más, según las lluvias caídas, lo que lleva a que se lleguen a acumular grosores que, de los 5 a 10 cm. iniciales, llegan a superan el medio metro de espesor, tras recargas sucesivas de láuna.

    Según algunas creencias o costumbres populares la realización del 'terrao' y sus periódicas recargas se deben efectuar coincidiendo con la luna menguante de agosto, para que así no se produzcan grietas ni goteras en el mismo. Con independencia de estas "creencias", se suelen "sembrar" con sal (echar sal) para evitar que crezcan las hierbas, las cuales propician el resquebrajamiento de la láuna.

    Por dentro, para proteger el cañizo y darle un aspecto más decorativo, el techo se blanqueaba o excepcionalmente se le aplicaba una capa de yeso (revocaba) en cuyo caso se denominaba entabacado.








POR LOS MONTES DE LOS PUERTOS Y PERIN


























VECINOS DE ALTA FIDELIDAD


La Asociación de Vecinos ha llevado a cabo, durante la celebración de sus fiestas, un homenaje a las treinta y dos personas que se apuntaron en el colectivo cuando se fundó en 1979 y han permanecido hasta ahora, cuando se cumplen cuatro décadas de historia. Fue un reconocimiento cargado de cariño, que abarcó a veintinueve vecinos 'incombustibles' y a tres familias, que son los casos de aquellos que han continuado con los carnés de personas que han fallecido.
Los Puertos se puso el traje de fiestas el pasado viernes y no se lo quitará hasta el próximo domingo, ofreciendo a vecinos y visitantes un programa en el que se ha puesto mucha ilusión, siendo el epicentro un polideportivo que, por su altura, suele acoger una agradable temperatura, además de una buena sonoridad.


Los festejos populares son gestados por la asociación de vecinos que preside José Ramón Casanova dentro de una junta formada por ocho personas y algo más de un centenar de socios. Antonio Sevilla García es el tesorero e Isidro Martínez Sevilla asume las competencias de secretario. Con los tres, en una muy agradable charla, tuvimos ocasión de, ahora que se cumplen cuarenta años de andadura, conocer más sobre Los Puertos y sus vecinos.
Los Puertos ha contado con asociaciones que han dejado huella. La Sociedad Benéfica El buen Pensamiento surgió en el siglo XIX y entre sus funciones estaba dar a conocer a los vecinos las noticias que les afectaba. Algo así como los herederos de los pregoneros. En 1926 se fundó la sociedad Protectores de la Escuela, que promovió el centro docente de la ermita, ahora salón multiusos.

Y el 30 de noviembre de 1979, más bien como prolongación o reconversión de la primera, se constituye la Asociación de Vecinos de Los Puertos de Santa Bárbara. Siete años más tarde, por algunas diferencias, se divide en Los Puertos de 'arriba' y de 'abajo', situación que se mantiene en la actualidad, aunque ya aquellas tiranteces son historia. En cambio, las asociaciones de la tercera edad y de amas de casa son las mismas para ambos y en diciembre se comparte celebración de la Patrona.

Ocho personas han ocupado la presidencia de la Asociación de Vecinos de Los Puertos: Miguel Escolar, Antonio Martínez Díaz (+), Salvador Sevilla Bernal (+), Asensio Casanova (+), Ginesa Martínez Agüera (+), Antonio Hernández Ramón Casanova, éste desde el pasado año.

Una vez recorrido someramente el pasado, nos centramos en el presente, en esa brillante iniciativa del colectivo vecinal de rendir homenaje a sus socios más fieles en el 40 aniversario. Se ha hecho con mucho cariño, como refleja que las cartas que se les entregaron para comunicar a cada uno el homenaje estaban personalizadas y se entregaron en mano.
Una vez recorrido someramente el pasado, nos centramos en el presente, en esa brillante iniciativa del colectivo vecinal de rendir homenaje a sus socios más fieles en el 40 aniversario. Se ha hecho con mucho cariño, como refleja que las cartas que se les entregaron para comunicar a cada uno el homenaje estaban personalizadas y se entregaron en mano.




Poco antes de la pasada medianoche, el dúo Nerea hizo un alto en su faceta musical y comenzó el homenaje, que se abrió con la entrega de la placa conmemorativa al presidente fundador, Miguel Escolar (actualmente vocal de la directiva), y que cerró el doctor Juan Ortega. Fue un acto ágil, familiar y entrañable en un edición festera que el viernes también tuvo otro homenaje dirigido a Salvador Sevilla Bernal, presidente de la asociación en dos etapas, y cuyo nombre desde ahora identifica al escenario del recinto festero.

Después, continuó la música, los bailes y las tertulias en torno a las mesas de unas fiestas que este martes ofrecen una cena de convivencia de las amas de casa (21.30 horas) y la representación de la obra de teatro 'Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?', escrita por Adolfo Marsillach e interpretada por Enrique Escudero y Cristina Muiño.

El miércoles será para las migas, el jueves para la espuma y el programa se irá desarrollando hasta llegar a buen puerto el domingo, siempre marcado por ese buen ambiente que ofrece un pueblo que, a diferencia de la mayoría, tiene hasta dos pasodobles en su honor, uno de Los Luceros y otro escrito por Julián