Los Puertos en blanco
Nevada 18 de Enero de 2017
sábado, 22 de mayo de 2021
viernes, 16 de abril de 2021
TINTIN PARTE I
Tintín siempre fue uno de los cómic y posiblemente una de las obras literarias
más influyentes e importantes del siglo XX. Visto hoy es un fiel reflejo de
aquellos años y aspectos como el racismo, el machismo y el clasismo, pueden
llegar a ruborizar a más de uno, pero, no deja de ser un lienzo perfecto de la
sociedad de mitad del siglo XX. Pero lo que no ruboriza a nadie y sigue
funcionando a la perfección es su sentido de la aventura, el misterio y el
suspense y es que, Tintín es eso además de cultura y por supuesto un ejemplo
perfecto de lo que debe ser la narrativa infantil o juvenil.
Ahora Netflix estrena la serie emitida en los 90 y que mejor momento que este para poder
disfrutarla en familia y además recibir una información extra con este especial
Cinematte de hoy. Uno que recoge los mejor de la historia de Tintín
principalmente en su faceta de cine y televisión.
La serie de los 60: "Las aventuras de Tintín, después de Hergé" Las aventuras de Tintín, después de
Hergé, dirigida por Ray Goossens y producida por Belvision en la década de 1960
(1959-1964) es la primera adaptación real de dibujos animados de Las aventuras
de Tintín.
Reúne en siete series de episodios ocho historias de álbumes de
Tintin en una versión muy diferente de estos. Podemos notar que en esta versión
el profesor Tornasol no tiene problemas de audición y viste ropas amarillas y
marrones (en lugar de su habitual conjunto verde) y que los agentes Dupond y
Dupont (Hernández y Fernández) usan el mismo bigote (excepto en el episodio del
Objetivo lunar).
Rastapopoulos y el coronel Sponsz son los únicos ladrones
ausentes de estas aventuras, aunque el coronel Sponsz aparece en el caso
Sunflower con el nombre de Coronel Brutel, con un físico inalterado.
Origen En
1957, los estudios de Belvision hicieron una primera adaptación del trabajo de
Hergé. En coproducción con RTF, dos primeras películas están hechas en 16 mm en
blanco y negro, de los álbumes Cetro de Ottokar y L'Oreille cassée (La oreja
rota). Hergé no quiere involucrarse personalmente en este proyecto y delega
supervisión a Bob de Moor. Siguiendo el consejo del RTF, la realización se
confía a Anne-Marie Ullmann, quien tiene prohibido retocar los dibujos
proporcionados por Studios Hergé1.
Este veto dará como resultado una animación
laboriosa y caracteres fijos, y el resultado decepciona al RTF, que no renueva
su asociación.
El cetro de Ottokar da lugar a una serie de ocho episodios de
trece minutos, mientras que La oreja rota cuenta uno menos. Fueron
retransmitidos en la televisión francesa en el invierno de 1957 y en el verano
de 1959. Jean Nohain presta su voz al narrador y a todos los personajes
(incluido Castafiore). Un nuevo equipo Para mejorar la calidad de su producción,
los estudios de Belvision contratan a Yvan Szücs, bajo cuya dirección los
personajes ahora moverán sus labios1. Un nuevo director también participa, Ray
Goossens, que impondrá el uso de celuloide.
A principios de 1959, el productor
estadounidense Larry Harmon firmó un acuerdo con Belvision para adaptar el álbum
Objetivo: la luna. Con un guión de Charlie Shows, un primer piloto es dirigido
rápidamente por Paul Fennell, que adapta libremente el álbum4. Se prevé un
contrato, que compartiría la producción entre los estudios de Belvision y Los
Ángeles, pero finalmente se suspende, a pesar de que la realización de los
veinticinco episodios de cinco minutos de Objetivo: la luna ya está en marcha en
gran medida. Raymond Leblanc, jefe de Belvision, encuentra un nuevo socio en
Francia: Télé-Hachette. Ray Goossens dirigió los episodios, mientras que Charlie
Shows es responsable del ritmo y suspense. La colaboración con Charlie Shows es
complicada, debido a las libertades que tiene en sus escenarios, lo que
desagrada a Hergé. Sus relaciones también están tensas con Ray Goossens, que no
aprueba ciertas elecciones artísticas. Finalmente, los estudios de Belvision no
están acostumbrados a producir de manera masiva y aún no conocen los métodos de
trabajo estadounidenses, lo que se refleja en la calidad del producto final.
En
abril de 1961, Hergé y Raymond Leblanc decidieron contratar a Greg para
apaciguar la situación. El asunto Tornasol Después de 89 episodios de cinco
minutos, correspondientes a la adaptación de seis álbumes (Moon Lens, The Golden
Claw Crab, El secreto del unicornio, The Red Rackham Treasure, The Mysterious
Star, The Black Island) Télé-Hachette está insatisfecho con el resultado y
decide, en 1963, no renovar el contrato con Belvision. Sin embargo, Raymond
Leblanc decidió producir una nueva adaptación a pesar de todo, solo con
Belvision. Será The Sunflower Affair, en un guión de Greg y Bernard Fredisch, en
trece episodios de cinco minutos, episodios fusionados para la edición de DVD
para formar una película coherente.
La serie de los 90: 'Las Aventuras de Tintín' en Netflix Las Aventuras de Tintín es una serie de animación
franco-canadiense basada en Las Aventuras de Tintin, una serie de comics creada
por el dibujante belga Hergé. Comenzó a emitirse en 1991 en France 3 y consta de
3 temporadas y un total de 39 episodios de unos veinte minutos de duración. A
España llegó emitiéndose a través de Canal+ y actualmente podemos disfrutarla en
Netflix. Historia La serie de televisión fue dirigida por Stephen Bernasconi y
Peter Hudecki como ayudante de dirección, y producida por Ellipse (en Francia) y
por Nelvana (en Canadá) en nombre de la Fundación Hergé.
Se trata de la primera
adaptación de los álbumes de Hergé después de más de veinte años. La producción
contó con guionistas como Toby Mullally, Eric Rondeaux, Martin Brossolet, Amelie
Aubert, Denisse Fordham y Alex Boon. Producción Principalmente se utilizaron
técnicas de animación tradicionales.
Los libros se tuvieron en cuenta durante
todas las etapas de la producción, y algunas viñetas de los álbumes originales
se llevaron directamente a la pantalla. En los episodios Objetivo: la Luna y
Aterrizaje en la Luna se utilizó animación 3D para crear y animar el cohete
(también el cohete de la secuencia de título), un hecho poco habitual en 1989.
Cada fotograma de la animación se imprimió en celuloide y se pintó con gouache.
La serie se grabó en inglés, aunque los aspectos visuales (como carteles y
pósters) permanecieron en francés. Cambios respecto a los libros Algunas partes
de las historias plantearon dificultades para los productores, que tenían que
adaptar los libros para una audiencia mayoritariamente joven.
No obstante, la
serie es más fiel a los álbumes que su predecesora, Les aventures de Tintín,
d'après Hergé, creada entre 1959 y 1963. Se hicieron cambios por motivos de
simplificación o de audiencia.
Algunos de estos cambios incluyen reducir la
elevada cantidad de violencia, muerte y el uso de armas de fuego en muchas de
las aventuras.
El rol de Tintín fue ligeramente reducido, y éste regaña a su
perro Milú menos a menudo que en los libros. A lo largo de los libros, Milú es
visto frecuentemente "hablando", ya que se entiende que su voz es oída sólo a
través de la "cuarta pared".
Sin embargo, estos comentarios no se encuentran
presentes en la serie de televisión, excepto en una ocasión. Además, en dos
ocasiones durante la serie, Tintín ya conoce a algunos de los personajes, como a
Hernández y Fernández en Los cigarros del faraón, y a Piotr Pst en Stock de
Coque, cuando era la primera vez que se veían en los libros. Esto se explica
porque la cronología de los episodios de la serie de televisión es diferente.
El
alcoholismo del capitán Haddock también supuso un problema, aparte de por la
edad de la audiencia, porque esperaban vender la serie en países donde el
alcoholismo es un problema sensible. Aunque los libros originales no lo
promovían, lo mostraban muy a menudo, con mucho humor sobre los resultados de
beber alcohol. Por esto, Haddock es mostrado a menudo bebiendo, pero no tanto
como en los libros, y El cangrejo de las pinzas de oro es la única aventura en
la que su estado de embriaguez no es reducido.
Listado de episodios:
Ordenados por fecha de emisión:
Temporada 1
El cangrejo de las pinzas de oro (Parte 1) El
cangrejo de las pinzas de oro (Parte 2) El secreto del Unicornio (Parte 1) El
secreto del Unicornio (Parte 2) El tesoro de Rackham el Rojo Los cigarros del
faraón (Parte 1) Los cigarros del faraón (Parte 2) El Loto Azul (Parte 1) El
Loto Azul (Parte 2) La isla negra (Parte 1) La isla negra (Parte 2) El asunto
Tornasol (Parte 1) El asunto Tornasol (Parte 2)
Temporada 2
La estrella
misteriosa La oreja rota (Parte 1) La oreja rota (Parte 2) El cetro de Ottokar
(Parte 1) El cetro de Ottokar (Parte 2) Tintín en el Tíbet (Parte 1) Tintín en
el Tíbet (Parte 2) Tintín y los Pícaros (Parte 1) Tintín y los Pícaros (Parte 2)
Tintín en el país del oro negro (Parte 1) Tintín en el país del oro negro (Parte
2) Vuelo 714 para Sidney (Parte 1) Vuelo 714 para Sidney (Parte 2)
Temporada 3
Stock de Coque (Parte 1) Stock de Coque (Parte 2) Las 7 bolas de cristal (Parte
1) Las 7 bolas de cristal (Parte 2) El templo del Sol (Parte 1) El templo del
Sol (Parte 2) Las joyas de la Castafiore (Parte 1) Las joyas de la Castafiore
(Parte 2) Objetivo: La Luna (Parte 1) Objetivo: La Luna (Parte 2) Aterrizaje en
la Luna (Parte 1) Aterrizaje en la Luna (Parte 2) Tintín en América
La película
de 2011:
'Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio'
Spielberg ha
decidido devolvernos a Indiana Jones o, más bien, al que podemos considerar
padre putativo del héroe del látigo y el sombrero, nos referimos, claro está, a
Tintín. Con la película de Tintín la aventura ha vuelto de nuevo a nuestro
presente y lo hace como debe ser, lo hace siendo el Tintín que todos conocemos,
un personaje demasiado blanco y puro para nuestro tiempo, pero también demasiado
necesario para el mismo.
Por lo tanto el viejo Tintín está aquí o, mejor dicho,
el mundo y los personajes que lo rodean están aquí, porque este personaje
siempre ha sabido cuál es su papel en la función y, en esta ocasión, lo vuelve a
demostrar. 35 años después de su última aventura, el héroe belga por excelencia
está entre nosotros y lo ha hecho de la mejor forma posible. Los personajes de
cómics fueron siempre un simple trazo de papel, un contorno a lápiz lleno de
emociones, de matices y de historias que contar y, por lo tanto, qué mejor forma
de adaptarlo que respetando su espíritu de ente artificial. Nadie en el mundo
podrá ser Tintín, ningún actor conseguirá ursurpar sus ojos, su mirada o su
expresión.
Por eso Spielberg no ha tenido más remedio que esperar. 30 años ha
necesitado para encontrar la forma de transformar el mito de papel en un mito de
verdad y, después de ver a Milú, a Haddock o a los mismos Hernández y Fernández,
podemos asegurar que la espera ha merecido la pena. Gracias a este film el Mop
Cap (captura de movimiento) ha justificado para qué se ideó; si no encontrábamos
sentido a la técnica que dio a luz títulos como Polar Express, Beowulf o Un
Cuento de Navidad, ahora ya se lo encontramos.
Este sistema ha nacido para
devolver a la vida al carismático personaje que nos contó la historia del siglo
XX con una simple línea clara. En la adaptación narrativa el producto corre la
misma suerte que en su aspecto técnico. La decisión del propio Spielberg, de
Peter Jackson y de Edgar Wright ha sido la de no adaptar el primer volumen de
Tintín e, incluso, la de no adaptar ningún otro tomo de los 25 disponibles.
La
acertadísima decisión final ha sido la de hacer un compendio de los mejores
momentos de algunos álbumes de Tintín añadiendo como pirueta final 25 minutos
originales acordes con el espíritu tintiniano.
El libreto de El secreto del
Unicornio parte como base fundamental de la historia, pero el de El Cangrejo de
las Pinzas de Oro o, incluso, momentos de Rackhman el Rojo también están
presentes en el film.
Todo este conjunto unido a los minutos originales nos deja
una historia que desde su obertura inicial hasta su momento final nos tiene con
la boca abierta, tanto a nosotros como a nuestros pequeños y, por supuesto, a
todos aquellos mayores que decidan quitarse unas canas de encima y asistir a
esta enorme función.
Uno de los detalles más importantes a destacar era el temor
de que tanto Spielberg como Jackson, como Wright, no pudiesen o supiesen
mantener el estilo foráneo a ellos de la obra de Hergé, pero no ha sido así.
El
trío ha sabido respetar el primer código de la tradición del cómic franco-belga,
el cual nos dice que el héroe debe ser un prisma para el público pero, al mismo
tiempo, debe estar lo suficientemente retirado para permitir la existencia de
los protagonistas secundarios, con lo que Tintín deja de ser el héroe principal
de la función.
No estamos entonces, como se ha dicho en muchos medios, ante un
personaje principal falto de carisma, todo lo contrario, estamos ante un
personaje con el carisma suficiente para hacernos disfrutar de todo lo demás,
como un Capitán Haddock para el que no tenemos alabanzas suficientes para
describirlo, o ante unos Hernández y Fernández por los que parece no haber
pasado ni un solo minuto desde su última aparición.
De este modo y al igual que
en los cómics, Tintín no es el motor de la película, es el vehículo que nos guía
por los senderos de la trama y por las vidas de unos personajes como nuestro
amado capitán Haddock que, como ya ocurría en la obra original de Hergé, es la
auténtica atracción del espectáculo. Si sobre el guión y la adaptación solo
podemos deshacernos en alabanzas, sobre la dirección de Steven Spielberg nos
encontramos en la misma situación. Estamos ante un producto animado donde no hay
cámaras, físicamente hablando, y donde la planificación se desenvuelve por otros
caminos a los habituales pero, aún así, en ningún momento dejamos de ver la
mirada de Spielberg detrás de cada momento.
Cuando vemos la relación entre
Haddock y Tintín no podemos evitar recordar la que tuviesen Indiana Jones y su
padre en el tercer capítulo de la saga; cuando escuchamos las partituras y los
momentos en los que entran en acción, también recordamos momentos de la carrera
del director, y cuando oímos el sonido de las armas o el chasquido de los
puñetazos, no podemos dejar de soltar una sonrisa recordando, otra vez más, los
caricaturescos efectos sonoros de la famosa saga del aventurero por excelencia.
Por lo tanto, en la dirección del film vemos a ese primer Spielberg de los 80
pero, sobre todo, nos encontramos ante una pequeña montaña rusa que no veíamos
desde En Busca del Arca Perdida o, incluso, desde la escena inicial de La Última
Cruzada, en la cual un joven Indi recorría los techos de un tren en marcha,
entrando, saliendo y encontrando una sorpresa en cada uno de sus vagones, escena
que bien podría ser un resumen perfecto de lo que podemos encontrar en la hora y
media de Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio.
En definitiva, con
su aparente sencillez, no sólo de trazo, la obra original de Hergé fue y es el
resumen perfecto de un siglo, donde somos testigos de los régimes totalitarios,
de dictaduras militares sudamericanas aún vigentes, del tráfico ilegal de
esclavos, del de estupefacientes, de visitas a la luna, del negocio floreciente
del petróleo, del colonialismo y de miles más de detalles que nos hacen tener
una idea perfecta de qué ocurrió en nuestro pasado siglo XX.
Así que sólo falta
saber si las nuevas aventuras de Tintín serán también un reflejo de los nuevos
tiempos o simplemente un maravilloso entretenimiento. Desde luego, eso sólo el
tiempo lo dirá, pero haber conseguido lo segundo de la forma en la que lo hace
ya sobra para rendirnos ante este viejo nuevo mito animado. Ranking los mejores
cómic de Tintín
Aquí os dejamos una lista ordenada de los mejores cómics de
Tintín, catalogados de mejor a peor, aunque peor no hay ninguno, digamos de mejor
a menos bueno.
La lista es una opinión muy personal del equipo de Return, por lo
que tomaros nuestro ranking como una simple curiosidad.
La lista Destacaremos
como vencedor el número 13 de la colección, El Templo del Sol, publicado entre
el 26 de septiembre de 1946 y el 22 de abril de 1948. Continuamos con el número
2, El Asunto Tornasol que hace el volumen 17 de la colección y se publicó entre
el 22 de diciembre de 1954 y el 22 de febrero de 1956. En el tercer lugar de
nuestra lista aparece Las 7 Bolas de Cristal, álbum número 12 publicado en 1948,
aunque se había escrito años antes. A continuación, tenemos Tintín en el Tibet,
álbum número 19 publicado en 1960. Y por último queremos destacar el volumen que
ocupa el quinto lugar de nuestra lista El Secreto del Unicornio, las aventuras
publicadas en el álbum número 10 entre el 11 de junio de 1942 y el 14 de enero
de 1943.
domingo, 21 de marzo de 2021
sábado, 25 de abril de 2020
Ines del alma mia
Inés Suárez, española de nacimiento, ha pasado a la historia por acabar con la vida de siete caciques chilenos para evitar que medio centenar de conquistadores españoles fuesen masacrados en Santiago. Sin embargo, también fue una de las pocas mujeres que se atrevieron a partir hacia el Nuevo Mundo y la única que se embarcó en la exploración de la costa americana junto a su amante, Pedro de Valdivia, allá por el siglo XVI. En la actualidad, por tanto, parece difícil saber si fue una heroína, una villana o (simplemente) una persona de su tiempo que se vio obligada a tomar medidas drásticas ante una situación desesperada. Con todo, algunos estudiosos de su figura son partidarios de que esta ejecución podría haber sido exagerada en los libros. ¿Realidad o ficción?
Hacia América
Poco se sabe de la vida de Inés Suárez antes de viajar al Nuevo Mundo. Así lo afirma el divulgador histórico José Luis Hernández Garvi en su obra « Adonde quiera que te lleve la suerte» (Edaf, 2014). Según se cree, esta mujer nació en Plasencia, Extremadura, allá por 1507. «Contrajo matrimonio en Málaga para enviudar poco después, circunstancia que la llevó a tomar la decisión de embarcarse al Nuevo Mundo», desvela el autor. Lo mismo opina Sergio Martínez Baeza en su artículo sobre esta curiosa heroína publicado en la Real Academia de la Historia. Este experto señala, por su parte, que las crónicas la definen como «mujer de mucha cristiandad».Al parecer, la decisión de viajar al Nuevo Mundo la tomó tras barruntar seriamente convertirse en monja tras la muerte de su marido. Sin embargo, al final prefirió cruzar el Atlántico en busca de una nueva vida en 1537, cuando sumaba ya una treintena de primaveras a sus espaldas. Ese año, junto a una sobrina, embarcó en el puerto de Cádiz a bordo del barco del maestre Manuel Marín. «Después de llegar a su destino, su rastro reaparece en Cuzco, donde encontró trabajo como gobernanta en la casa de Pedro de Valdivia», añade el escritor en su obra. Probablemente desconocía que su patrón sería el futuro conquistador de Chile y uno de los amigos más cercanos de Francisco Pizarro.
Como si de una película americana se tratase (no en vano se suele afirmar que la realidad supera la ficción), nuestra Inés cayó rendida a los encantos de Valdivia, veterano de batallas como la de Pavía. Y otro tanto le ocurrió al curtido militar. Aunque en su caso tenía más delito, pues había dejado a su mujer esperándole al otro lado del Atlántico entre sollozos. Debieron pensar que lo pasa en el Nuevo Mundo no tiene por qué saberlo el Viejo, porque ambos iniciaron un romance de esos que todo el mundo sabe, pero que nadie admite para evitar tensiones innecesarias. Dónde se conocieron es otro de los misterios sin resolver. ¿Venezuela? ¿Cuzco? Existen tantas versiones como estudiosos del tema.
En todo caso, lo que está claro es que, como señala Baeza, Inés «habría optado por trabajar cuidando a los soldados heridos, lavando y componiendo sus ropas». Todo ello, mientras su amante le contaba historias sobre sus andanzas pasadas. Anécdotas que hablaban, por ejemplo, de su nombramiento como maestre de campo tras haber demostrado de sobra su valentía o de la guerra civil que se había desarrollado cuando el también conquistador Diego de Almagro se había enfrentado contra el mismísimo Francisco Pizarro.
«Finalizada la guerra civil entre conquistadores, su lealtad había sido recompensada con extensas tierras […] y una mina de plata en Cerro de Poco, cerca del Potosí», añade Hernández Garvi.
Nuevas conquistas
Pero ni todo ese poder sació a Pedro de Valdivia quien, en 1539, solicitó permiso para iniciar la conquista de Chile. No lo haría solo, pues desde el principio doña Inés se mostró resuelta a acompañarle. A la postre, la extremeña se mostró como un gran activo después de que, aprobada la expedición, arribara a aquellas tierras Pero Sancho de Hoz enarbolando tres Reales Cédulas que le autorizaban a navegar exactamente por la misma región que ansiaba tomar el amante de nuestra protagonista. Aunque Pizarro quiso ser salomónico y ordenó que las fuerzas fuesen dirigidas por ambos, Suárez se preocupó de que aquel recién llegado no traicionase a su amado y, de hecho, evitó que fuera asesinado en varias ocasiones.Los meses siguientes se tradujeron en kilómetros recorridos por la expedición de Valdivia y doña Inés. Así, hasta la llegada al desierto de Atacama (al norte de Chile). Un territorio que se convertiría en una dura prueba para los conquistadores españoles. «Sometidos a los rigores extremos de las temperaturas del día y de la noche, sin agua y con escasos víveres, Valdivia dividió a sus huestes en cuatro grupos que marchaban separados entre sí por una jornada de distancia; de esta forma esperaba no dejar exhaustas las escasas fuentes y pozos que se encontraban en el camino», añade Hernández Garvi. Pero esa idea no sirvió para paliar la brutal sed y el calor abrasador que tenían que sufrir.
«Estando el ejército en cierto paraje a punto de perecer por falta de agua, congojándose una señora que iba con el general llamada doña Inés Suárez, natural de Plasencia y casada en Málaga, mujer de mucha cristiandad y edificación de nuestros soldados, mandó a un indio cavar la tierra en el asiento donde ella estaba, y habiendo ahondado al punto de una vara, salió al punto el agua tan en abundancia que todo el ejército se satisfizo, dando gracias a Dios por tal misericordia. Y no paró en esto su magnificencia, porque hasta hoy conserva el manantial para toda gente, lo cual testifica ser el agua de la mejor que han bebido la del jagüey de doña Inés, que así se la quedó por nombre. Con esta y otras dificultades y trabajos casi increíbles llegaron los españoles a Copiapó, que es la primera tierra poblada de las de Chile».
Aquel curioso milagro permitió, según las crónicas, que la expedición de Pedro de Valdivia arribase felizmente hasta el fértil valle del Copiapó y que la mayoría de sus hombres se salvasen. Corría por entonces octubre de 1540. Ni los nativos, organizados para acabar con ellos, pudieron detener a estos aguerridos españoles en su avance por la región. Una zona que fue tomada en nombre del rey de España y bautizada con el nombre de Nueva Extremadura. A partir de entonces continuaron hacia el sur hasta que llegaron al cerro de Huelén, donde fundaron en 1541 la ciudad de Santiago de la Nueva Extremadura. El amante de Inés adoptaría, no mucho después, el cargo de Gobernador y Capitán General Interino de la urbe en nombre del Rey después de escuchar rumores que hablaban del asesinato de Pizarro.
Defensa sangrienta
Los días fueron pasando entre más conquistas, batallas sangrientas (como la del valle del Aconcagua) y conspiraciones para tratar de arrebatar el poder a Valdivia. Así llegó septiembre de 1541, un mes aciago para Inés y su amante, pues fue en el que los nativos decidieron unirse en torno a la figura del cacique local Michimalonco para asaltar Santiago y pasar por la espada a todo aquel conquistador español que hubiese en su interior. Pintaban bastos.«Los informes de los yanaconas, aliados de los españoles, hablaban de miles de guerreros preparados para la batalla», añade el autor español en su obra. El maestre de campo partió entonces a su encuentro y dejó en la urbe a una cuarentena de peninsulares y a dos centenares de aliados indígenas al mando de su lugarteniente. «Este organizó las defensas, reforzando la empalizada que protegía a la población y repartiendo armas a sus escasas fuerzas», completa Hernández Garvi. También escondieron en el lugar a siete caciques locales que habían atrapado y que, en caso de extrema necesidad, pensaban canjear por su vida.

Durante todo el asedio, doña Inés se dedicó, en principio, a cuidar de los heridos y ayudar a los soldados en mitad del combate. «Ante la escasez de españoles suficientes para rechazar los continuos ataques de los indios, la española animaba a los heridos a los que había prestado primeros auxilios para que, sin pérdida de tiempo, volvieran a ocupar su puesto en la empalizada», añade el autor español. Por si fuera poco, cuando la situación empezó a ser desesperada, se puso una coraza y se dedicó a alentar a los combatientes y a instarles a mantener su posición. La premisa era no rendirse. Al final, no obstante, los peninsulares terminaron retrocediendo ante el empuje de los enemigos.
La dura decisión
En ese momento fue en el que, según algunas crónicas, Inés decidió que la única forma de evitar la matanza de los hombres de Valdivia era acabar con la vida de los caciques presos para desmoralizar a los asaltantes. Según Hernández Garvi, la propuesta fue rechazada por el lugarteniente de su amante. No porque fuera una barbaridad, sino porque creía que eso enfurecería mucho más a sus enemigos. La historia oficial incide en que Inés logró convencer a los soldados y que, al ver que nadie se atrevía a acabar con los reos, ella misma desenvainó una espada y les dio muerte decapitándoles. Así lo afirma el primer cronista que dejó constancia de este hecho, Jerónimo de Vivar, en su «Crónica y relación copiosa y verdadera del reino de Chile» (escrita en 1558):«Cuando allegó a la puerta de la casa, salió una dueña que en casa del general estaba, que con él había venido sirviéndole del Pirú, llamada Inés Juárez, natural de Málaga. Como sabía, reconociendo lo que cualquier buen capitán podía reconocer, echó mano a una espada y dio de estocadas a los dichos caciques, temiendo el daño que se recrecía si aquellos caciques se soltaban. A la hora que él entraba, salió esta dueña honrada con la espada ensangrentada, diciendo a los indios: «Afuera, auncaes» que quiere decir: «Traidores, que ya yo os he muerto a vuestros señores y caciques», diciéndoles que lo mismo haría a ellos y, mostrándoles la espada, los indios no le osaban tirar flecha ninguna […] Mandó luego el teniente llevar los malheridos a donde aquella dueña estaba y ella los curaba y animaba».

«Mas como empezase a salir la aurora y anduviese la batalla muy sangrienta, comenzaron también los siete caciques que estaban presos a dar voces a los suyos para que los socorriesen libertándoles de la prisión en que estaban. Oyó estas voces doña Inés Juárez, que estaba en la misma casa donde estaban presos, y tomando una espada en las manos se fue determinadamente para ellos y dijo a los dos hombres que los guardaban, llamados Francisco Rubio y Hernando de la Torre, que matasen luego a los caciques antes que fuesen socorridos de los suyos. Y diciendo Hernando de la Torre, más cortado de terror que con bríos para cortar cabezas:
-Señora, ¿de qué manera los tengo yo de matar?
Respondió ella:
-Desta manera.
Y desenvainando la espada los mató a todos con tan varonil ánimo como si fuera un Roldán o Cid Ruy Díaz. Habiendo, pues, esta señora quitado las vidas a los caciques, dijo a los dos soldados que los guardaban que, pues no habían sido ellos para otro tanto, hiciesen siquiera otra cosa, que era sacar los cuerpos muertos a la plaza para que viéndolos así los demás indios cobrasen temor de los españoles».
Desde entonces han sido decenas las novelas históricas que han replicado esta historia. Sin embargo, autores como Garvi son partidarios de que podría haber sido exagerada. «El testimonio, además de poner de manifiesto una extremada crueldad, parece un tanto exagerado. Resulta difícil creer que una mujer que había dado tantas muestras de generosidad y compasión ayudando a los demás, se mostrase capaz de cometer siete crímenes a sangre fría, exhibiendo un comportamiento brutal propio de una persona sin piedad», desvela. Con todo, el autor también acomete con cautela estas afirmación, pues sabe que el mismo Valdivia afirmó en su exposición posterior de los hechos que «ella les ayudó a ello [matarlos]». Pero... ¿Qué implicaba «ayudar»? A día de hoy, lo desconocemos.
La historia de Inés no acaba en este punto. Poco después tuvo que abandonar a su amante cuando acusaron a este de estar «amancebado» con otra mujer que no era su esposa. Obligada, contrajo matrimonio con otro español para no ser expulsada de la comunidad. A partir de entonces su pista se pierde en los archivos. «Dice Medina que Inés Suárez rindió una información de méritos y servicios a la Corona, la cual parece perdida. Se dice que vivió hasta los setenta y dos años y que murió en el año 1579 o 1580», completa Baeza.
Tintín en el lado oscuro: el pasado antisemita, racista y colonialista del reportero belga
Tintín en el lado oscuro: el pasado antisemita, racista y colonialista del reportero belga
Orientada por un religioso cercano al ideario de Mussolini, la primera entrega de la obra de Hergé –Tintín en el país de los Soviets– está repleta de guiños propagandísticos.
La segunda –Tintín en el Congo– es un retrato paternalista de los habitantes nativos del Congo Belga.
Sólo a partir de la tercera pieza, Tintín en América, Hergé pudo empezar a desarrollar toda la grandeza de un personaje excepcional.
La segunda –Tintín en el Congo– es un retrato paternalista de los habitantes nativos del Congo Belga.
Sólo a partir de la tercera pieza, Tintín en América, Hergé pudo empezar a desarrollar toda la grandeza de un personaje excepcional.
En la página 35 de la edición española de Tintín en el país de los Soviets (Editorial Juventud), el reportero belga creado por Hergé se acerca a una concentración en la que se decide qué lista gana las elecciones. “Camaradas, se han presentado tres listas… ¡Una es del partido comunista!”, dicen unos militares sobre un estrado. “Los que se opongan a esta lista que levanten la mano. ¿Quién se declara en contra de esta lista?”, preguntan mientras apuntan a la muchedumbre con sus armas. “¿Nadie? Proclamo vencedora por unanimidad la lista comunista”, zanja orgulloso el soviet.
En la página 78 de la misma edición, Tintín llega a Moscú y mira a su alrededor: sólo ve pobreza y desolación. “De la ciudad tan maravillosa que era Moscú, mira lo que han hecho los soviets: ¡un lodazal infecto!”.
En la misma página, pocas viñetas después, el reportero rubiales se asoma a una cola en la que se reparte pan. El funcionario al cargo les pregunta a los niños si son comunistas. Sólo si responden afirmativamente les da su ración. “Otra plaga de la Rusia actual: bandas de niños abandonados, vagabundeando por las ciudades y los campos y viviendo del robo y la mendicidad”, dice Tintín. “Pobres críos”, le responde Milú.
Más adelante, en la página 104, un malherido Tintín se despierta en un lugar que no reconoce. Le han secuestrado. Cuando pregunta por su paradero, su captor le dice lo siguiente: “Estás en el escondrijo donde Lenin, Trosky y Stalin han ocultado los tesoros robados al pueblo”.
Son sólo cuatro ejemplos que dejan claro cristalino que detrás de las primeras aventuras del entrañable periodista belga había un evidente trasfondo político. Pongámonos en contexto: la primera serie de Tintín –ésta, la de los Soviets– se publicó originalmente en el suplemento juvenil Le Petit Vingtième entre el 10 de enero de 1929 y el 8 de mayo de 1930. Hablamos de la Europa de entreguerras, etapa en la que el fascismo ya mostraba sus colmillos a la espera de revelarse como el demonio que terminó siendo.
Tintín en el país de los Soviets (1929-1930).
© Fotografía: D. R.

Norbert Wallez, sacerdote y periodista belga, dirigía el periódico Le Vingtième Siècle, hogar del suplemento en el que arrancan las tiras animadas de Tintín. Wallez, ultraconservador y simpatizante de las doctrinas de Mussolini, aprovechó su puesto al mando del diario para hacer propaganda… aunque él prefería decir que dirigía un "periódico católico para la doctrina e información”.
Como no podía ser de otra manera, el abate también se declaraba –así lo corroboran muchos de sus artículos– antisemita, antimarxista y anticomunista. Ahora lo vemos con otra perspectiva, pero estas ideas eran habituales tanto en Bélgica como en buena parte de la Europa occidental de la época. El patriotismo, el catolicismo, la moral estricta y la disciplina marcaban la pauta.
En el periódico de Wallez trabajaba desde 1927 Georges Remi (nombre real de Hergé, seudónimo con el que pasaría a la historia), a quien el abate encargó dirigir Le Petit Vingtième desde su lanzamiento en noviembre del 28. El objetivo era claro: crear tiras que inculcasen el ideario sociopolítico de Wallez a los jóvenes lectores del suplemento. Es decir, inocular en la mente de los chavales el sentimiento profascista y antisemita del abate a través de un intrépido periodista y de su entrañable perrete.
Así nació Tintín en el país de los Soviets, un preclaro instrumento de propaganda en el fondo y un rudimentario ejercicio artístico en la forma. La historieta, no obstante, fue un éxito inmediato, logrando explotar el sentimiento anticomunista y el miedo (al) rojo.
Racismo y colonialismo
El éxito de Tintín en el país de los Soviets le permitió a Hergé volar al margen del dictado del religioso, si bien es cierto que aún tuvo que tragar con otra tira que hoy le saca los colores al más desvergonzado.
Hablamos de Tintín en el Congo, una serie que con el paso de los años ha sido objeto de críticas tanto por su actitud racista y colonial como por su exaltación de la caza mayor. El conflicto llega incluso al siglo XXI: un ciudadano belga de origen congoleño pidió en 2007 que se retirase el cómic de todo espacio público por constituir una “apología de la colonización y del racismo”. En 2011, un tribunal belga rechazó la petición: "El cómic no era racista en 1931, aunque sí pueda serlo a la luz de la mentalidad actual”.
Recordemos, por tanto, que estamos valorando dos historias escritas hace 90 años en un contexto muy diferente al actual: en los 30, cuando se empezó a publicar la tira, esta representación paternalista apenas generó controversia porque la manera de actuar del reportero animado entraba dentro de lo que se consideraba normal (que conste también que estamos evitando hablar de las prácticas genocidas de Leopoldo II, rey de los belgas, en el país africano, las cuales le dan otra vuelta de tuerca más a lo inapropiado del contenido del tebeo).
En realidad, la actitud del “blanquito” occidental hacia el “negrito” africano (las comillas no son gratuitas: en esos términos se menciona a unos y otros en el tebeo) sólo comenzó a cambiar a mejor durante la descolonización de los años 50, un proceso que culminó en la independencia del país en 1960.
En la versión a color de 1946, Hergé suprimió algunos detalles colonialistas.
© Fotografía: D. R.

Sea como fuere, Tintín en el Congo representa a los congoleños como seres infantiles, perezosos y estúpidos que dependen de las enseñanzas del hombre europeo blanco. En la última página del tomo, unos nativos arrodillados hacen reverencias a una figura de Tintín tallada en madera. Otra barrabasada más.
Muchos tintinólogos –y cualquiera que tenga algo de sentido común– consideran estas dos piezas como las peores de la obra de Hergé. De hecho, él mismo terminó renegando de ellas, sobre todo de la primera, la cual calificó como una “transgresión de juventud” (es más: fue la única que Hergé se negó a colorear en las sucesivas reediciones).
Porque al margen de su trasfondo sociopolítico –recomendamos encarecidamente su lectura; es una manera maravillosa de viajar en el tiempo para entender el contexto de una época convulsa–, estas dos primeras historias son, básicamente, una sucesión de gags más o menos divertidos en los que la trama y la estructura brillan por su ausencia.
De hecho, Hergé reconoció haber escrito sus primeras tiras sin guion ni orden; apremiado por la necesidad de entregar su trabajo, rellenaba viñetas como buenamente podía pocas horas antes del cierre del suplemento.
A partir de la tercera entrega, Tintín en América (1931), la colección cobró forma e identidad: las aventuras del reportero estaban organizadas dentro de una historia que mezcla gánsteres, contrabando y un plan para acabar con Tintín. De algún modo, el chaval se profesionalizó a la tercera.
Sea como fuere, las dos primeras series también nos ayudan a entender la grandeza de un personaje único en la historia del cómic, un tipo de flequillo rubio y trazo fino que ha elevado el tebeo europeo a la categoría de arte.
A fin de cuentas, ¿quién no ha cometido algún que otro error de juventud?
jueves, 26 de marzo de 2020
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