Los Puertos en blanco

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Nevada 18 de Enero de 2017

lunes, 5 de diciembre de 2011

AMORES PATRIOS

De Valle de los Caídos a Progreland

Por Pablo Molina

A José Luis Rodríguez Zapatero, presidente en funciones del gobierno del reino de España, siempre se le ha atribuido un uso magistral de los tiempos en política, cosa que no es de extrañar porque la imaginación de los pelotas mediáticos especializados en dar jabón a los políticos en alza suele ser bastante limitada.
"Maneja muy bien los tiempos" es una expresión sintomática de cierto retraso mental que apenas significa algo; pero como suena un poco culta, los aspirantes a la jefatura de prensa del lumbrera en cuestión la dicen y escriben constantemente, a ver si cuela.
En general, ese soberbio manejo de los tiempos en política no es más que la inacción provocada por el estupor de unas circunstancias que sobrepasan la capacidad del protagonista, así que, más que manejar el tiempo, lo que hace el político en cuestión es un intento vano por detenerlo quedándose quietecito, a ver si los problemas se solucionan solos. Franco solía hacerlo con las famosas dos pilas de expedientes, pero ZP le ha superado con su gestión de la crisis de la deuda.
En el caso de la proyectada conversión del Valle de los Caídos en un parque temático socialdemócrata, ni siquiera los aduladores más montaraces de ZP pueden afirmar que el todavía presidente ha realizado un ejercicio sublime de ponderación temporal, porque haber convocado a un panel de expertos en necrofilia ideológica sin tiempo para que su dictamen pueda ejecutarse demuestra que el leonés, en este caso también, ha realizado un cálculo de los plazos bastante deficiente.
Para reformar en clave progresista la finca de Cuelgamuros hubiera sido necesario iniciar los trámites al comienzo de esta legislatura, como muy tarde. Con cuatro años por delante, las excavadoras progresistas hubieran tenido tiempo suficiente para convertir el Valle de los Caídos en un Progreland al que los hijos de las familias bien del franquismo, convertidos en socialistas de toda la vida, podrían estar llevando actualmente a su descendencia a pasar un fin de semana lisérgico, haciéndose fotos con actores disfrazados del Che Guevara y viendo documentales de dibujos animados explicando que la Guerra Civil, en realidad, la ganaron los rojos, es decir, los enemigos de los abuelos de las criaturas.
De hecho, si Zapatero hubiera sabido manejar los tiempos, los sociatas habrían tenido tiempo suficiente para exhumar los restos de Franco y proceder con él como los sucesores del papa Formoso allá por el siglo IX, al que desenterraron para someterlo a juicio en un concilio mucho más tétrico de lo habitual. A Su Santidad Formoso lo encontraron culpable, claro, mayormente porque llevaba ocho meses muerto cuando lo sentaron en la silla gestatoria ante el sínodo para escuchar las graves acusaciones que se le formulaban, y el pobre no atinó a defenderse con soltura. Tras la sentencia, sus restos fueron arrojados al Tíber y todas sus disposiciones y nombramientos, anulados. No conviene seguir este ejemplo al pie de la letra, porque, de hacer lo propio con Franco, una de las primeras consecuencias sería que su sucesor a título de rey quedaría deslegitimado de forma inmediata, precisamente lo que menos necesita ahora su yerno, como es bien sabido.
Con Franco no ha sido necesario llevar el rigor progresista a esos extremos porque su régimen ya ha recibido la condena de los socialistas, que son los que imponen la verdad histórica gracias a que el centro-reformismo patrio sólo se dedica a la economía, pero el hecho de haber dilatado tanto la decisión de arrasar un monumento religioso, como es en realidad el Valle de los Caídos, ha tenido como consecuencia que el PSOE ha perdido las elecciones sin tiempo siquiera para contratar las palas mecánicas y a los barreneros encargados de adecentar aquellos contornos en clave de progreso.
La reconversión del Valle de los Caídos en un parque temático progresista, ay, tendrá que esperar unos años más, al menos hasta que el PSOE vuelva a recuperar el gobierno, y no es previsible que, con el legado de su última etapa, vaya a suceder en esta década. Aunque, quién sabe, si la agitación callejera de la izquierda contra el gobierno del PP llega a ciertos límites, igual D. Mariano se muestra generoso con nuestras gentes de progreso y les autoriza a hacer lo que quieran con el Valle y con los restos de Franco y José Antonio. Las reformas económicas exigen tantos sacrificios...

viernes, 18 de noviembre de 2011

Las tres reformas inmediatas que los inversores exigen a Rajoy

Las tres reformas inmediatas que los inversores exigen a Rajoy

Los expertos exigen al nuevo Gobierno una reforma radical en el mercado laboral, el sector público y en el sector financiero.


Libre Mercado 2011-11-18
Mariano Rajoy tendrá una dura tarea por delante a partir del próximo 20-N. Esta realidad parece evidente para todos los españoles, pero también fuera de nuestras fronteras se ha impuesto que al candidato del PP no le quedará otro remedio que aplicar con determinación y sin dudas una serie de reformas que hagan factible el crecimiento de la economía española.
Todos los análisis coinciden en que España necesita emprende tres reformas fundamentales sin ningún tipo de demora. Los tres campos en los que tendrá que intervenir el nuevo Gobierno son: mercado laboral, finanzas públicas y sistema financiero. La labor no será fácil, entre otras cosas porque en los tres campos existen fuertes grupos de presión, pero tampoco debería verse como un imposible.
Esta semana, una de las principales instituciones financieras europeas ha publicado un pequeño informe sobre la economía española en el que valoraba el programa del PP y sus opciones para cambiar realmente las cosas una vez que llegase al Gobierno. En opinión de sus autores, Rajoy aún estaría a tiempo de modificar la dinámica de los últimos meses si aplica la medicina correcta para cada una de las dolencias del enfermo. Los siguientes son sus tres principales consejos:
Mercado laboral
En este campo, los analistas de la prensa internacional, así como los expertos de los institutos de inversión coinciden en que sólo se puede hacer una cosa: flexibilizar la regulación. Aún a costa de enfrentarse a los sindicatos, Rajoy debe acercar los criterios de decisión a empresas y trabajadores. En el documento que analizamos hoy y que está siendo leído con cuidado por inversores de la City londinense se piden al nuevo Gobierno tres medidas.
Lo primer sería cambiar la última reforma laboral para que las "negociaciones a nivel de empresa tengan prioridad" sobre las negociaciones a nivel sector o autonómico. Es decir, eliminar la excepción que incluyó el Gobierno de Rodríguez Zapatero. En el texto aprobado hace unos meses, se daba prioridad a los convenios de empresa siempre que un convenio superior no dijera lo contrario. De esta manera, este cambio, que podía haber sido revolucionario, quedaba convertido en papel mojado.
En segundo lugar, los expertos piden que "se elimine la ultraactividad" y se reemplace por un laudo arbitral cuando expiren los plazos del convenio vigente y no se haya acordado su renovación entre empresario y trabajadores.
Por último, este informe sobre la economía española pide que se apruebe el contrato único (en las últimas semanas se han barajado dos opciones: con indemnización fija de 20 días por año trabajado o con indemnización creciente, empezando en 15 y terminando en 36), para acabar con la "dualidad" del mercado laboral entre indefinidos y temporales.
Gasto público
La espada de Damocles que pende sobre la economía española en estos momentos se llama gasto público. Es evidente que no hay nada tan urgente como recuperar la credibilidad de las cuentas de las administraciones públicas para alejar el fantasma de la bancarrota y el rescate. De hecho, la reforma laboral también iría dirigida en este camino: se cambia la normativa para crear más empleo y crecer más.
El problema según todos los expertos está en la administración autonómica. Las finanzas regionales están al borde del colapso y los ejecutivos autonómicos no son capaces ni de encontrar financiación a corto plazo. Para resolver esta cuestión, los autores de este análisis creen que se podría acudir a la emisión de bonos participados por todas las autonomías o con el aval estatal. Eso sí, a cambio de esta ayuda, los gobiernos tendrían que comprometerse a un control mucho más estricto que el actual, incluyendo planes de reestructuración pactados con el Ministerio de Economía. Sería una solución similar a los eurobonos pero con el mayor control sobre los resultados dado que el grifo de la financiación regional sigue estando en manos del Estado.
Sistema financiero
Según los cálculos de esta entidad, al sistema financiero español le hacen falta unos 50.000 millones de euros para recapitalizarse en la línea de lo exigido por la UE. Claro, con una necesidad de fondos tan elevada, es lógico que se haya secado el crédito como lo ha hecho en las últimas semanas. El problema es que familias y empresas están empezando a pasarlo realmente mal por la carestía de financiación.
Para solucionar este problema, los autores de este informe recomiendan a Rajoy un programa de intercambio de bonos, por el que el Gobierno se quedaría con los activos tóxicos en poder del sistema financiero a precio de balance. A cambio, entregaría nuevos bonos del Estado respaldados (al menos en parte) por el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (el Fondo de Rescate famoso). Esto sanearía de un plumazo el sector bancario hispano, aunque a costa de poner sobre las espaldas de los contribuyentes el coste del rescate. La solución estaría en un programa de recompra o de venta paulatina de activos que permitiera al Estado recuperar parte de esta inversión.

martes, 25 de octubre de 2011

Cómo mejorar la calidad de la educación recortando el gasto público

A CLAVE: BUENOS Y MALOS PROFESORES

Cómo mejorar la calidad de la educación recortando el gasto público

El incremento en el gasto por alumno en las últimas tres décadas no ha conseguido mejorar los resultados académicos.


ÁNGEL MARTÍN 2011-10-25
La gran mayoría de los analistas se echa las manos a la cabeza ante las noticias sobre recortes presupuestarios en materia de educación. Se argumenta que éste es uno de los pilares básicos del Estado del Bienestar y hay que mantener su financiación. Hace unos días, por ejemplo, la presidenta de la Comunidad Autónoma de Aragón, Luisa Fernanda Rudi, declaraba que las partidas de educación y sanidad estarán al margen de los recortes.
Nadie duda de la gran importancia que tiene la educación para generar una sociedad próspera y bien formada. Existen numerosas evidencias de que una mayor y mejor formación redunda en salarios más altos y en una renta per cápita del conjunto del país más elevada.
Precisamente por su importancia crucial en el desarrollo económico y social debe ponerse especial atención en tratar de mejorar el sistema educativo. En este sentido, es especialmente preocupante el caso de España, donde nuestra calidad educativa recibe una nota muy baja. Por eso, los cambios en el sistema son importantes y mantener el statu quo es una receta para continuar con la mediocridad.
Cambios y resistencias
Prácticamente toda propuesta para modificar –aunque muy ligeramente- el statu quo es resistida con fuerza por los grupos de interés que acusan a los que piden esos cambios de querer cargarse el sistema educativo, especialmente de las clases bajas.
Si, además, estamos en una época en la que la situación de las finanzas públicas es muy delicada y es imprescindible acometer recortes presupuestarios, parece imposible implementar cambios a mejor en la educación. La reducción en el salario global de los profesores o el aumento en la jornada de trabajo redundarán, aparentemente, en peores resultados. El problema es que los estudios muestran que ninguno de estos dos elementos es especialmente relevante para determinar el desempeño de los alumnos.
Al contrario de lo que se piensa, si se hicieran las cosas bien, los recortes presupuestarios en educación podrían ser compatibles con mejoras en la calidad. Así se matarían dos pájaros de un tiro: se podrían sanear las finanzas públicas al mismo tiempo que mejora nuestro capital humano.
Gasto y resultados
La primera idea a tener en cuenta es que mayores niveles de gasto en educación no garantizan ni mucho menos mejores resultados. Un caso prototípico de esto es el de Estados Unidos. Como puede verse en el gráfico, el creciente gasto gubernamental por alumno en educación no ha evitado que el rendimiento educativo de los estadounidenses haya permanecido prácticamente estancado en las últimas décadas.
Según un estudio elaborado por el equipo de investigación del banco Natixis, la relación entre más gasto y mejor calidad educativa es difusa entre los países de la OCDE. El único gasto en educación que sí tiene una correlación significativa con las destrezas de la gente joven y su capacidad para encontrar empleo es el gasto total (privado y gubernamental) en la educación superior (universidad). Los datos no indican que dedicar más recursos a educación primaria o secundaria dentro de los países desarrollados vaya a traducirse necesariamente en mejor rendimiento.
Así, las claves del éxito o el fracaso de un sistema educativo no están, principalmente, en la cantidad de gasto, sino en cómo y dónde se gasta y en el esquema de incentivos al que se enfrentan profesores, padres, alumnos y gestores de las escuelas. De manera equivalente, en lo que se refiere a los recortes públicos en educación, lo relevante no es cuánto, sino cómo y dónde, como explican los profesores Antonio Cabrales y Florentino Felgueroso en Nada es Gratis.
La calidad de los profesores
Otra de las ideas fundamentales que hay que tomar en consideración es la gran importancia de la calidad del profesorado sobre el rendimiento de los alumnos. Según Eric Hanushek, uno de los mayores expertos a nivel mundial en economía de la educación, "ningún otro aspecto medible de las escuelas es ni de lejos tan importante para determinar el rendimiento de los estudiantes".
Pero el hecho de que la calidad del profesorado importe mucho tiene una implicación importante, no del gusto de todo el mundo. Y es que los malos profesores tienen un impacto significativo y negativo sobre sus estudiantes y la economía en general. Así, afirma Hanushek que "podríamos mejorar dramáticamente el rendimiento educativo si se eliminaran a los peores profesores del sistema". Con datos de EEUU, este investigador sostiene que quitando sólo al 5-8% peor de los profesores, los americanos podrían pasar de estar por debajo de la media de los países desarrollados a estar entre los primeros lugares en materia de resultados educativos.
Por tanto, para Hanushek la crisis presupuestaria podría ser incluso una bendición para las escuelas, siempre y cuando los recortes se llevaran a cabo de forma sensata en la dirección apuntada. Eso sí, según sus conclusiones un sistema más eficiente iría de la mano de mayores salarios para los mejores profesores.
En realidad, sin embargo, aunque la idea parece radical, es de sentido común. Y es que en todas las áreas hay trabajadores que lo hacen bien y otros que lo hacen peor. En un entorno competitivo las empresas tratan de hacerse con la gente competente, y deshacerse de los incompetentes. El problema es que en las escuelas el margen para hacer esto es prácticamente inexistente, para perjuicio de los alumnos y la sociedad en su conjunto.
Asimismo, la introducción de una mayor participación del sector privado -ya sean empresas con fines de lucro u otro tipo de organizaciones no lucrativas- o de ingeniosas innovaciones en la educación podría tener el efecto de mejorar la calidad de las escuelas al mismo tiempo que se reduce el gasto público. De nuevo, se trata de responder a la crisis de forma innovadora, tratando de adaptarse a las nuevas circunstancias.

lunes, 1 de agosto de 2011

COMO ESTA EL PATIO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

CÓMO ESTÁ EL PATIO

La CIStitis de Rajoy

Por Pablo Molina


Dicen los expertos en sociología que las encuestas sobre intención de voto reflejan la opinión de los votantes sólo en el momento en que se hacen. Debe de ser cierto, porque la última entrega, que presenta a un Rubalcaba haciendo honor a su pasado de velocista aproximándose rápidamente a Rajoy, se hizo cuando empezaban las vacaciones veraniegas. Obviamente, la gente estaba de coña.
O no, vaya usted a saber, porque este país ha sido siempre bastante raro y últimamente no lo reconoce ni la santa madre que lo parió, como vaticinó el sabio andaluz que ahora preside la comisión constitucional del congreso en atención a sus méritos democráticos.
Lo que resulta raro en todo este asunto de las encuestas sobre intención de voto no es que el entusiasmo hacia Mariano Rajoy fluctúe, algo por lo demás bastante natural, tratándose de un egregio aficionado al ciclismo y, por lo tanto, propenso a hacer la goma cuando se enfrenta a una escalada. No. Lo realmente pintoresco es que Rubalcaba despierte todavía cierta confianza en el electorado, porque al contrario que Zapatero cuando se encaramó milagrosamente a la secretaría general y la candidatura del PSOE, a R. se le conoce sobradamente en todos los rincones de España.
La cuestión es que el votante medio del socialismo, a pesar de la evidencia de los resultados de esa ideología en su propio bolsillo, está dispuesto a confiar en un personaje como Alfredo Pérez Rubalcaba para regir los destinos de un país cada vez más destinado a convertirse en el triste bufón de Europa.
Constatado el hecho de que, por desgracia para España, sus ciudadanos son bastante izquierdosos, queda por dilucidar si es posible que hasta Rubalcaba pueda liderar un partido socialista cuya trayectoria inmediata transcurre entre el espanto político y el horror financiero.
Tal vez sea esa la razón de que los votantes socialistas hayan decidido apostar por su candidato en lugar de preferir otras opciones o quedarse sencillamente en casa, como hicieron de forma decisiva en las últimas elecciones autonómicas y municipales. Como esto ya no hay quien lo arregle y el desastre es absoluto, votemos de nuevo a los nuestros para que se lleven el mérito de la recuperación, que por fuerza tiene que empezar a notarse en algún momento, ya que esto no puede ir a peor mucho tiempo más.
Estamos dando por supuesto que la encuesta del CIS, Centro de Investigaciones Socialistas, refleja de algún modo la realidad, lo que es mucho suponer, sobre todo cuando el PSOE está en el poder. Pero como aquí todo el mundo hace mucho caso a los platos precocinados de esta empresa estatal, lo mismo Mariano Rajoy debería comenzar a pensar que igual no tiene las elecciones del 20-N ganadas de calle.
No es por fastidiar, pero con Rubalcaba al frente del PSOE cualquier cosa puede pasar. Incluso que logre convencer a los votantes desencantados del socialismo de que el destrozo absoluto de la educación, el trabajo, la dignidad nacional, el equilibrio territorial, las finanzas, la economía de las empresas y el bolsillo de esos mismos ciudadanos se ha producido sencillamente porque España no ha recibido una dosis adecuada de socialismo. Su acercamiento genuflexo a los indignantes, fuerza de choque de la extrema izquierda –por más que un Nobel ocioso les visite para echarles cacahuetes entre el aplauso de tertulianos y columnistas de toda laya y condición–, es una clave que permite adivinar cuál es el programa de gobierno de un tipo como él, dispuesto a convertirse en la gran esperanza roja.
Como esto de las encuestas del CIS no sea otra coña veraniega, vamos arreglados.

lunes, 27 de junio de 2011

SOY UN FASCISTA .....................

Soy un 'fascista'



Yo pensaba que no, pero como cada vez me lo dicen más, estoy casi por creérmelo. Soy un fascista intolerante. Mis creencias y pensamiento son profundamente reaccionarios y carezco de cualquier sensibilidad social. Cada vez me lo dicen más cuando discuto sobre cualquier tema o escribo cualquier artículo. Y es que, ciertamente, debe ser muy raro lo que quiero y lo que creo. Por ejemplo:
Soy fascista porque creo que el PSOE no ha sabido gestionar la crisis económica. Cuando el PSOE llegó al poder en 2004 había poco más de 2 millones de parados y ahora tenemos 5 millones. Debe ser que los parados también son fascistas. Si no, no se explica.
Soy un fascista españolista porque no creo en las autonomías. Es profundamente reaccionario pensar que 17 gobiernos y 17 parlamentos son innecesarios y son un despilfarro pudiendo haber uno solo que gestione para toda España. Es una falta de respeto inaceptable hacia las ‘nacionalidades’ creer que buscar lo que nos separa antes que lo que nos une no lleva a nada bueno. Además, es antisocial creer que el progreso no está relacionado con la descentralización. Como ejemplo, baste decir que en Francia, por ser el país más centralista del mundo, aún llevan taparrabos, hacen pinturas rupestres y viven en cavernas.
Soy un fascista meapilas por ser católico. Pero, entonces, el 80% de los españoles que también se declaran católicos son fascistas, claro.
Soy un fascista elitista por creer en la formación, la excelencia, el trabajo y el esfuerzo. Lo progresista es creer en la subvención, el enchufismo, la sopa boba y pasar curso con 4 cates.
Soy un fascista clasista por querer una educación de calidad. Es antisocial y reaccionario aspirar a que los jóvenes tengan una buena formación en Matemáticas, Física, Química, Latín, Filosofía, Ética, Historia o Lengua Española. Es inaceptable querer que los jóvenes lean un texto y lo comprendan o que tengan una buena capacidad de pensamiento abstracto. Y, por supuesto, soy fascista por rechazar asignaturas adoctrinantes como Educación para la Ciudadanía o por no querer que se degenere a los jóvenes enseñándoles aberraciones sexuales que, además, son contrarias a los principios éticos de sus padres.
Soy un fascista ultraliberal por creer en la iniciativa social y las empresas privadas como protagonistas de la economía.
Soy un fascista insolidario por defender una fiscalidad baja y que la renta disponible de las personas sea la mayor posible.
Soy un fascista obstruccionista de la paz por defender que las víctimas del terrorismo deben ser escuchadas y que no se puede permitir que los asesinos etarras y quienes les apoyan estén en las instituciones.
Soy un fascista españolista por sentirme profundamente español y por emocionarme al escuchar el Himno Nacional o ver una bandera de España.
Soy un fascista catalanófobo, vascófobo y gallegófobo por defender la libertad de los hispanohablantes de hablar, rotular o estudiar en español en cualquier lugar de España.
Soy fascista porque creo que sindicatos, patronal y partidos políticos no deben recibir dinero público y vivir de las cuotas de sus afiliados.
Soy un fascista eurófobo por no creer en el mercadeo y la burocracia que supone la Unión Europea.
Soy un fascista antisocial porque no creo en la sanidad ni en la educación públicas sino en la sanidad y educación de calidad y acceso universal.
Soy un fascista peligroso porque creo que en las autopistas se puede circular a 140 km/h.
Soy fascista machista porque creo que la igualdad hombre-mujer no se consigue con cuotas ni con imposiciones.
Soy un fascista antiguo por afirmar que dos hombres o dos mujeres no son un matrimonio.
Soy fascista neandertal por afirmar que lo natural es la relación hombre-mujer y rechazar la conducta homosexual. Además, por supuesto, también soy homófobo, lesbianófobo, bífobo, tránsfobo y hasta necrófobo.
Soy un fascista opresor del derecho de la mujer a elegir porque creo en el derecho a la vida y en que no se puede matar a un bebé no nacido. Y no por cuestiones religiosas, sino de simple lógica. Todos fuimos embriones. Si nos hubieran matado cuando teníamos una semana, dos semanas o 3 meses de gestación, no estaríamos aquí.
Paradójicamente, también soy un fascista islamófobo porque rechazo que se margine a la mujer tras un burka o velo o porque se las prohiba conducir en Arabia Saudí.
Soy fascista porque no soy de izquierdas.
Soy fascista porque soy de derechas. Por ello, además, no soy demócrata, por supuesto.
Soy también franquista aunque naciera en 1977, cuando Franco llevaba muerto dos años y aunque no haya conocido otro jefe de Estado que Don Juan Carlos.

Soy fascista, en definitiva, porque no me callo y no me guío por consignas fáciles o por lo políticamente correcto.
Pues si ser fascista es ser todo esto, soy un pedazo facha, ciertamente.

DICCIONARIO PERROFLAUTISTICO

CÓMO ESTÁ EL PATIO

Diccionario perroflauta-español (1)

Por Pablo Molina

El sagaz lector observará cierto desorden alfabético en este breve diccionario, pero es que se trata de una obra perroflautil y por tanto anárquica en su esencia. "¿No hemos empezado a leer y ya estamos oprimiendo? ¡Fascista!".
Indignados. Universitarios y otros seres humanos con poca pasta y el tiempo libre necesario para asistir a las asambleas interminables de los acampados y sus algaradas callejeras, estas últimas convocadas mayormente contra los órganos políticos gobernados por el PP.
Fascista. Todo el que no está a favor de los indignados. En lavapiesano, farcista; en batasuno, faxista.
Derecho a la vivienda. Derecho a una vivienda gratis. O, en el peor de los casos, poniendo el interesado una pequeña parte de su propio sueldo, en caso de que el interesado de marras tenga por costumbre trabajar a cambio de uno.
Sistema. La sociedad, sus instituciones rectoras, el sistema de libre mercado, los empresarios y los medios de comunicación, a excepción de Público y La Sexta.
Opresión. Lo que el sistema receta al indignado. El sistema le oprime porque no le permite vivir sin pegar golpe en un estado de eterna adolescencia, que es a lo que aspira cualquier persona con un mínimo compromiso ético.
Igualdad. Situación en que el indignado tiene más dinero que los demás.
Desigualdad. Situación en que los demás tienen más dinero que el indignado.
Capitalismo. Diabólico ordenamiento económico en virtud del cual los que más trabajan o mejor emplean su talento más dinero tienen, grave injusticia que conviene desmontar cuanto antes. El progresismo indignado busca precisamente acabar con esa lacra utilizando el maravilloso mecanismo de la redistribución de la riqueza.
Redistribución. Herramienta de justicia social que permite al gobierno dar al ocioso una parte de la riqueza que produce el que no lo es. Después del fuego (para encender los canutos, si no de qué), es el invento más valioso para el indignado.
Banquero. Señor con sombrero de copa que con su mano llena de anillos de oro abofetea al pobre que no ha podido pagar el préstamo que pidió para hacerse con una vivienda cuyo valor estaba diez veces por encima de lo que se podía permitir; vivienda, por supuesto, amueblada, con el coche nuevo en el garaje y las vacaciones en la Riviera Maya para celebrarlo.
Empresario. Señor semejante al banquero, pero con menos anillos de oro en los dedos. En lugar de enriquecerse con la usura, lo hace explotando al obrero en interminables jornadas laborales –¡a veces llegan a las ocho horas!–, y no para repartir los beneficios a partes iguales, sino a cambio de un salario, que ya hay que ser cruel.
Democracia. Sistema que sólo rige cuando se hace lo que dicen los colectivos de indignados.
Asamblea. Expresión máxima de la genuina democracia. En una asamblea se escucha al que más vocifera y a continuación se vota, por supuesto a mano alzada, para que todos puedan identificar a los traidores que se oponen a los avances propuestos por los líderes del grupo.
Perro. Mamífero doméstico de la familia de los cánidos.
Flauta. Instrumento musical de viento en forma de tubo con agujeros circulares.
Perroflauta. Indignado, concienciado, rebelde con causa, la esperanza de la humanidad de que otro mundo es posible. A veces se lava.
Pacto del euro. Es, para los indignados, como los agujeros negros para los especialistas en física cuántica: intuyen que existe, pero ninguno sabe de qué va la cosa.
Mercados. Mecanismo utilizado por el gran capital y la judería internacional para hacer que cada uno gane dinero en función de sus merecimientos. Los indignados lo combaten por amor a la Igualdad.
Tipos de interés. El Che Guevara, Garzón, incluso ZP antes de llegar al poder.

martes, 21 de junio de 2011

QUE PAGUEN LOS MAS RICOS ?? SIEMPRE??? ACABAR CON LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO...............


Una de las principales críticas que se dirigen contra el capitalismo es la desigual distribución de la riqueza. Los hay muy pudientes y los hay muy desharrapados, de modo que aparentemente la equidad exigiría que parte de la riqueza de los primeros fuera a parar a los segundos para nivelar las diferencias: al cabo, los acaudalados ni siquiera lo notarían y los más pobres obtendrían suculentos beneficios.
De hecho, éste es en parte el propósito de nuestros modernos Estados del Bienestar y, asimismo, ésta es la receta mágica que algunos propugnan para lograr atajar los déficits públicos actuales sin recortar el "gasto social": recuperar o subir el impuesto sobre el patrimonio y sobre sucesiones, crear un impuesto para las grandes fortunas, gravar con mayor intensidad las rentas procedentes del ahorro... Pero, ¿realmente nos conviene que toda la fiesta la paguen los más ricos? Mejor dicho, ¿qué significa exactamente eso de que "paguen los más ricos"?
Muchas veces –demasiadas– tendemos a simplificar la realidad económica en imágenes o conceptos que nos resulten manejables y que podamos entender. Cuando pensamos en una persona rica, nos imaginamos de inmediato a un individuo que, cual Tío Gilito, tiene piscinas llenas de oro (o de dinero fiduciario) que le permiten comprar cualesquiera bienes y servicios. La redistribución de la renta, por consiguiente, sería algo tan fácil como arrebatarles unas poquitas monedas de oro a los tíos gilitos para dárselas a los carpantas de este mundo.
El problema es que la estampa no resulta en absoluto realista. Los ricos no son unas personas que tienen muchísimo dinero en el banco, sino gentes que poseen un enorme patrimonio en forma de tierras, inmuebles o, sobre todo en nuestras sociedades capitalistas, participaciones en empresas. Cuanto oímos que Bill Gates o Warren Buffett poseen zillones de dólares, no es que acumulen entre los dos el 99% de todos los dólares en circulación, sino que su cartera de propiedades y empresas (como Microsoft o Coca-Cola) alcanza un valor de mercado de zillones de dólares.
Y, ahora, deténgase a pensar un momento. ¿Por qué Microsoft o Coca-Cola valen lo que valen? ¿Porque tienen ambas un almacén gigantesco repleto de miles de millones de sistemas operativos y de latas de cola? No precisamente: las mercancías presentes de esas compañías son una minúscula parte de su valor de mercado; a fecha de hoy, por ejemplo, Microsoft tiene un valor bursátil de 204.000 millones de dólares y sus inventarios apenas ascienden a 1.000 millones; Coca-Cola asciende a 150.000 millones con unos inventarios de apenas 3.000. ¿De dónde viene entonces el enorme valor de mercado de estas empresas que convierte a sus principales propietarios en los hombres más ricos del planeta?
Pues de los bienes que se espera que produzcan dentro de 5, 10 ó 20 años. Dicho de otra manera, Microsoft, Coca-Cola (y todas las demás empresas) no son valiosas por lo que han producido hasta la fecha hoy, sino por lo que producirán mañana. Es más, me atrevería a decir que ni siquiera derivan su valor de lo que producirán mañana, pues nadie, ni siquiera Bill Gates, sabe qué productos sacará a la venta Microsoft dentro de 20 años (en el caso de Coca-Cola este juicio predictivo resulta algo más sencillo). El valor de las compañías –y por tanto, el patrimonio de los "ricos"– procede de su capacidad para generar, mantener y ampliar un modelo de negocio que sirva al consumidor mejor que sus competidores, esto es, de su capacidad para generar beneficios de manera sostenida a lo largo del tiempo (lo que en términos contables se conoce como "fondo de comercio" o Goodwill).
Por desgracia para los redistribucionistas, esa capacidad de generación futura de beneficios no puede consumirse en el presente (no nos podemos beber los millones de litros de cola que se fabricarán en el año 2025), de modo que para perseguir fiscalmente a los ricos sólo quedan dos opciones: o quedarse con una parte de la renta que su patrimonio genera en el presente o apropiarse directamente de una porción de ese patrimonio (de sus empresas, inmuebles, tierras...).
Lo primero es lo que consiguen los impuestos sobre la renta (IRPF o Sociedades): parte del valor monetario de la producción anual (beneficios, rentas de alquiler, intereses...) se transfiere al Estado y éste presuntamente lo redistribuye entre la población. El perjuicio más evidente de este tipo de tributos es que, por un lado, minoran los recursos a disposición de capitalistas y empresarios, que podrían haber sido reinvertidos en la generación de más bienes de consumo futuros (nos volvemos más pobres de lo que podríamos haber sido); por otro, disminuyen la remuneración que recibe el capitalista por asumir riesgos al invertir y por retrasar la satisfacción de sus necesidades al ahorrar.
Pero acaso resulten más dañinos los segundos tipos de impuestos: los impuestos sobre el patrimonio y las herencias. En este supuesto, si el monto del impuesto supera al de la renta anual generada por el patrimonio productivo, el capitalista tendrá que desmembrar y liquidar parte de ese aparato productivo, socavando así su producción de riqueza futura para los consumidores.
Imaginemos, para entenderlo, que con una caña de pescar podemos recoger 100 pescados al año y que el valor de mercado de esa caña es de 600 pescados. Si consideramos que el propietario de la caña es un rico capitalista comeniños al que hay que esquilmar fiscalmente, podemos imponerle, por ejemplo, un tributo sobre la producción anual de pescado del 50%, de modo que cada doce meses deberá entregarle al Estado 50 pescados. Como consecuencia, el pescador dispondrá de 50 pescados menos cada año para fabricar nuevas cañas e incluso, dependiendo de la magnitud del impuesto (imaginemos uno del 90%), podría llegar a plantearse dejar de pescar.
Ahora supongamos, en cambio, que se aprueba un impuesto del 20% sobre el patrimonio del pescador (sobre el valor de mercado de su caña de pescar), de modo que cada año deberá entregarle al Estado 120 pescados. ¿Cómo podrá hacerlo si su producción anual es de 100 pescados? De ninguna manera: simplemente esos 20 pescados extra que exige el Estado no existen (pues se producirán a lo largo del próximo ejercicio). Como mucho, el pescador podría tratar de vender una parte de la caña con un valor de mercado equivalente a 120 pescados... si es que hay algún otro malvado e insolidario capitalista que tenga ahorrados físicamente esos 120 pescados.
Sin embargo, recordemos que el mayor valor de las empresas no deriva de sus bienes de capital físicos, sino de la correcta ordenación de éstos para seguir generando beneficios en el futuro. ¿Qué sucederá si el sistema fiscal comienza a trocear y a redistribuir, no ya unos bienes de consumo que no existen, sino partes sueltas de una empresa? Pues que la capacidad de generación de bienes de consumo futuros por parte de esas compañías se desmoronará. Vamos, que no van a seguir produciendo la misma cantidad de bienes pero de manera más fragmentada; no, se destruirá riqueza en términos absolutos. Lo contrario sería como cortar la caña de pescar en 10 trozos y esperar que cada uno de esos trozos siga pescando 10 peces cada año: no, una vez destruida la estructura de la caña de pescar, su capacidad para extraer peces desaparece. Lo mismo sucede con las empresas: una vez desmembrada la armonía entre sus distintas partes, su capacidad para producir en el futuro bienes y servicios que satisfagan a los consumidores, se esfuma. ¿O acaso creen que cada uno de los bienes de capital de Apple (ordenadores, formación de los trabajadores, edificios, mesas, saldos de tesorería...) seguirá siendo igual de productivo si pierde sus sinergias con el resto de la compañía y si deja de estar bajo la sabia dirección de Steve Jobs? Obviamente no: pasarán de generar una enorme riqueza a morirse de asco sin contar con casi ninguna función.
Por eso, el margen para que "paguen los más ricos" es tan estrecho. No ya porque el capital sea bastante móvil y pueda huir con relativa rapidez de aquellos Estados que lo quieren confiscar, sino porque la tributación de las grandes fortunas es literalmente merendarse la gallina de los huevos de oro. Si queremos dividir en 10 trozos una caña de pescar con un valor de mercado de 600 pescados, no obtendremos 10 trozos con valor de 60 pescados, sino 10 trozos con valor 0. Gravar a los ricos no es consumir hoy parte de la renta presente que tienen almacenada en algún banco suizo; tampoco es adelantar a hoy parte del consumo que habríamos realizado mañana; no, es consumir unas migajas hoy a cambio de destruir una enormidad de bienes y servicios que se habrían podido producir y consumir mañana.
Pero eh, aquí, como tantas otras veces en la economía, nos topamos con el insalvable obstáculo de que lo que se ve (los progresistas impuestos a los avariciosos ricos) machaca inmisericordemente en el imaginario colectivo a lo que no se ve (la enorme merma de nuestra renta futura).
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Juan Ramón Rallo es doctor en Economía, jefe de opinión de Libertad Digital y profesor en el centro de estudios