Los Puertos en blanco

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Nevada 18 de Enero de 2017

miércoles, 24 de agosto de 2016

Historias de Cartagena: El alcalde Ángel Bruna

Historias de Cartagena

El alcalde Ángel Bruna

22.08.2016 


Membrete de la tienda de Bruna y Compañía en la calle Cuatro Santos

De todos los alcaldes que dirigieron nuestra ciudad durante el pasado siglo XX muchos son recordados en el callejero de nuestro municipio, pero sólo Ángel Bruna Egea da nombre desde hace más de cien años a una amplia avenida, mal llamada calle, en nuestro Ensanche.

La primera intención de esta historia es 'ponerle cara' al personaje ya que pese a su protagonismo en la historia local, son escasas las fotografías que de él se conservan en archivos públicos. La imagen que ilustra este artículo pertenece a una revista dedicada a la Feria de Verano de 1901, año en el que fue elegido primera autoridad municipal.

La segunda es conocer algo más de la persona, del Ángel Bruna particular, de aquel que en 1875 con apenas veinticinco años empezó a trabajar como auxiliar de corredor de comercio. Su trabajo posiblemente le llevaría a conocer a grandes empresarios de la minería local y en menos de una década era propietario junto a Francisco Lizana de las conocidas como 'Aguas de Perín', fundamentales para el suministro de agua potable de la ciudad y que alumbraban en el distrito minero de la diputación cartagenera del mismo nombre.

Minas de su propiedad lo fueron entre otras muchas 'San Timoteo', 'Neptuno' y 'Junio', ésta última ubicada en La Unión por lo que no es extraño que en el año 1893 consiguiera autorización para construir varias vías de embarque en el puerto de Portmán. Bajo el nombre mercantil de 'Bruna y compañía', además de dedicarse a la exportación de hierro, estableció una ferretería y droguería en la calle Cuatro Santos donde se podían obtener todo tipo de compuestos para farmacéuticos.

Las procesiones de Cartagena y más concretamente los marrajos ocuparon parte de su tiempo llegando a ser comisario del Santo Sepulcro y consiliario de la Cofradía Marraja. Hombre caritativo, tan pronto costeaba una comida diaria a los asilados de la Casa de Misericordia como un viaje de los niños pobres que acudían a las Escuelas Graduadas, las primeras de España y que fueron impulsadas por su antecesor en el cargo Mariano Sanz Zabala.

Y como no hay dos sin tres esta historia evidentemente no estaría completa en sus intenciones si no hablara de la trayectoria política de Ángel Bruna, miembro del partido liberal del que algunos periodistas de la época destacaban dos características, la modestia y la decisión. Cuando la Real Orden de 22 de marzo de 1901 le nombró alcalde poco imaginaba él que sería testigo en primera persona del derribo de las murallas que asfixiaban a nuestra ciudad e impedían su crecimiento. Un acontecimiento ocurrido el 17 de mayo de 1902 al que quedaron invitados todos los cartageneros a través de un texto publicado el día anterior y firmado por el regidor. Del mismo destacaría la frase que decía «caigan pues esas murallas con el estrépito de nuestro entusiasmo más justificado, pero con los honores debidos a los altos fines que cumplieron y con el respeto que merece todo lo legendario que sucumbe sometido al supremo poder del progreso».

Ángel Bruna cesó en su cargo a principios de 1903 y sus inquietudes políticas le llevaron posteriormente a aspirar a ser diputado provincial pero falleció repentinamente el 7 de marzo de 1905, a los cincuenta y cinco años de edad, pocos días después de anunciarse su candidatura. Su entierro como no podía ser de otra manera constituyó una inmensa manifestación de duelo.

El Ayuntamiento quiso que se le recordara de forma permanente y por eso en abril de ese mismo año se aprobó la moción de varios concejales para que la calle nº14 del Ensanche llevara su nombre. Y finalizo esta semblanza con una frase del recordado alcalde que en un acto homenaje a su antecesor dijo «que todo buen cartagenero debe darlo todo por y para Cartagena».

viernes, 8 de abril de 2016

RUTA POR EL VALLE DEL RONCAL

Los amantes de la montaña tienen en el Pirineo navarro una cita con paisajes y sabores ancestrales

La presencia del queso roncalés en la mesa de los antiguos Reyes de Navarra está bien documentada. Actualmente, su sabor impregna la ruta de alta montaña por los siete pueblos del valle de Roncal, en pleno Pirineo navarro.
Para ir desde Pamplona al valle se toma la N-240 dirección Jaca. Poco antes de que comiencen las verdaderas curvas y lleguemos al desvío hacia el norte por la NA-137, es de obligada parada el monasterio de Leyre. Levantado en el siglo XI, es uno de los más bellos ejemplos del románico español. Escuchar a sus monjes entonar cantos gregorianos rivaliza con la visita a las tumbas de los primeros Reyes navarros.
Pasado el embalse de Yesa, la NA-137 se adentra en el valle entre los riscos que escoltan al fragoroso río Esca. En Burgui, el río pasa bajo el puente medieval, que conduce a sus calles empedradas detenidas en el tiempo, así como al Museo de la Almadía, exposición permanente sobre el sistema ancestral del transporte fluvial de troncos.

Cumbres en la frontera con Francia

Ruta por los siete pueblos del Valle de Roncal
Museo Julián Gayarre, en Roncal
Archivo de Turismo Reyno de Navarra
Roncal, lugar de nacimiento del tenor Julián Gayarre, es la siguiente parada. El gran cantante nunca olvidó los escenarios de su infancia. Tras triunfar en las principales óperas del mundo, sufragó la construcción de la Casa de Juntas y del frontón. Una efigie de Benlliure remata su mausoleo. El Centro de Interpretación de la Naturaleza, junto a la carretera, brinda información, fotografías y documentales sobre los paisajes de pinos y hayas circundantes, grandes protagonistas del valle.

Espectaculares paisajes en el Circo de Belagua

Desde Roncal hay que continuar 7 km hasta Isaba. Este pueblo mantiene intacta su fisonomía arquitectónica de antaño. La torre de la iglesia de San Cipriano domina el cielo y el Museo de la Memoria muestra los modos de vida del valle a lo largo del tiempo.
Desde Isaba hay 26 km, sin abandonar la NA-137, hasta el Collado de San Martín, ya en la frontera con Francia y final de la ruta. Este tramo de la carretera pasa por el Circo de Belagua, rodeado de varias cumbres que rondan los 2.000 metros de altitud: la Mesa de los Tres Reyes, frontera entre Navarra, Aragón y Francia, el Pic d Anie y el Lakora, entre otros.
En las praderas pastan caballos, vacas y las ovejas latxas, cuyos rebaños acostumbran a descender solos hacia su aprisco en la Borda Marengo. Aquí se encuentra el paraje kárstico de Larra, roca caliza agujereada por el agua, de un aspecto poroso no muy distinto al de un queso. Es una de las tantas maravillas que se producen cuando las cosas se toman su tiempo, como casi todo en este valle.

Rincón del queso Roncal

Este queso se elabora entre diciembre y julio con la leche cruda de la oveja de raza latxa. De formato cilíndrico, este queso es de color blanco marfil con leves tonalidades amarillo pálido. Está salpicado de diminutos poros y tiene una corteza de color pardo o pajizo. Posee un sabor recio, ligeramente picante, muy definido y mantecoso al paladar.
En su composición no entran elementos ajenos a la leche, el cuajo y la sal, de manera que nunca ha perdido su sabor y aroma característicos. El queso Roncal fue, en 1981, el primero en recibir la Denominación de Origen de Quesos de España, abarcando una zona de elaboración y maduración integrada sólo por los siete municipios de la Mancomunidad del valle de Roncal.
www.denominacionesnavarra.com
Por sus características de maduración y composición, es un queso rico en proteínas de buena calidad y grasa. Destaca su contenido en minerales como calcio, magnesio, fósforo, zinc y en vitaminas liposolubles como la A, D y E.
Fuente: Guía Repsol

Lo que tienes que saber...


domingo, 17 de enero de 2016

Entretenida jornada para recolectar guíscanos por la sierra de los Álamos MORATALLA









En busca de los guíscanos en la sierra de los Álamos
LA RUTA CON UN PAR DIARIO LA VERDAD



oct 2015

Tras la pista de 'Lactarius deliciosus'


Entretenida jornada para recolectar guíscanos por la sierra de los Álamos

Pepa Garcia y Guillermo Carrion de Murcia 

Las manchas de los recolectores de guíscanos ('Lactarius deliciosus', níscalos, robellones...) son el secreto mejor guardado. «Por ejemplo, la de mi familia es la mancha de la abuela, esa no se la puedo contar a nadie, solo la conoce mi familia», dice haciendo referencia a una zona en la que crecen los guíscanos porque el micelio se extiende bajo la tierra en una simbiosis imprescindible entre pino y hongo. Lo cuenta Fernando, profesor de instituto y micólogo, que accede a llevarnos a disfrutar de una magnífica jornada buscando setas con el compromiso de no desvelar el sitio concreto en el que haremos la búsqueda. Dicho y hecho.
Lo ideal es salir al amanecer de un día nublado y en el que la temperatura oscile entre los 15 y los 22 grados, «los guíscanos son unos seres exquisitos». Cuenta Fernando que cuando el sol está fuera, su luz dificulta dar con las a veces leves señales que los hongos dejan en el terreno. Así que partimos cada uno con una buena navaja y una cesta de mimbre (los cubos y bolsas no son adecuados, y en algunos sitios están prohibidos). La cesta permite que mientras que estás haciendo el recorrido contribuyas a diseminar las esporas y a regenerar las poblaciones de hongos.
Antes de que se pongan las botas, manga larga y gorra, para protegerse de los arañazos que la naturaleza les propinará como pago por lo que se llevan, les advierto de que buscar setas sin saber distinguirlas es un riesgo, ya que muchos de los hongos que se encontrarán por el camino son tóxicos.
El lugar escogido es la moratallera sierra de los Álamos, un sitio muy interesante desde el punto de vista micológico y también botánico. Aunque también las sierras de las vecinas provincias de Albacete, Granada y Almería son destino predilecto de los moratalleros, cuando en la del Buitre, como ha ocurrido este año, todavía no han brotado.
Este otoño, pese a que ha llovido poco, los 'guiscaneros' no se explican muy bien cómo está fructificando tanto el hongo. Lo achacan a un agosto templado y algo lluvioso. Sea por lo que sea, el caso es que el monte está plagado.
Para ser un buen buscador de setas, lo primero es tratar de esconder lo más posible el coche. La picaresca. Pues, reconoce Fernando, muchas veces se siguen unos a otros en busca de una recolección de premio, y escondiendo el coche se evita el efecto llamada. Advierte este investigador de los hongos, que se dejó la incertidumbre de la ciencia por la certidumbre de la enseñanza, que no hay que levantar la vista del suelo. Un pequeño bulto en la gruesa alfombra de pinocha (acículas u hojas de pino) es la imperceptible señal que el guíscano da al buscador.
Detectado el abultamiento, con la navaja se retiran con cuidado las hojas muertas para dejar a la vista la seta que ocultan. Si no es la que buscan, se vuelve a cubrir el hongo sin dañarlo. La primera en aparecer es el cabrero ('Tricholoma striatum'), seguramente conocida así porque se la comen las cabras. Aunque no es tóxica, su sabor amargo hace que no se recolecte para su consumo. Así que cumplimos con el protocolo del buen buscador de setas y seguimos adelante.
Unos cuantos consejos más, como evitar usar rastrillos u otras herramientas que peinen y arañen todo el terreno sin discriminar, porque destrozan las poblaciones y, por tanto, el futuro de las comunidades micológicas de la zona, y encontramos unos 'chivatos'. Son unas setas con el sombrero de tonalidades vino, con los mismos requerimientos que los níscalos, que advierten de que buscamos por la zona adecuada.









A los pocos minutos aparece un pie de perdiz, una seta comestible mediocre, explica nuestro micólogo de cabecera. Su sombrero es más pequeño y es de tonos anaranjados, pero cuando se cocina se vuelve lila. La emoción va en aumento, encontramos bajo las hojas y bellotas de pequeñas chaparras («les gustan esos sitios por la cantidad de materia orgánica que se acumula», explica Fernando) una de las especies de setas más grandes que se dan en la Región: 'Amanita ovoidea'. Es prima hermana de la venenosa 'Amanita phalloides', aunque esta es comestible.
Enseguida aparece el primer ejemplar objeto de nuestro deseo, pese a que la zona ha sido ya rastreada, en ocasiones, con poco respeto: los puntos en los que han sacado guíscanos no se han vuelto a cubrir y el micelio (especie de raíces de las que fructifican las setas) queda expuesto y puede malograrse; también se han cortado sin ton ni son setas que los recolectores no se han llevado para consumir. El primer robellón aparece, enorme, bajo las hojas de ródeno. Sus acículas son más gordas que las del pino carrasco y conservan más la humedad, por eso las prefieren como cobertura. Cortamos el pie con la navaja y tapamos el lugar con las hojas de pino otra vez. Para confirmar su autenticidad, comprobamos que en la zona del corte la seta secreta un látex rojizo, sanguinolento. Con sombrero anaranjado, cóncavo pero con una depresión en el centro y pie gordo y corto, el líquido rojizo es lo que las diferenciará de otros 'Lactarius', un poco más blanquecina de color y que secreta látex blanco.
Es importante colocar los níscalos con el himenio boca abajo en la cesta, para que las esporas vayan cayendo al suelo durante la entretenida excursión. Después de tres horas de búsqueda, varios arañazos y pinchazos, nos marchamos a casa con una recolección que nos permitirá disfrutar de un buen plato de exquisitos y sabrosos níscalos. Y también con la experiencia de haber descubierto numerosas especies: del género 'cortinarius', la mayor parte tóxicas; 'Boletus lupinus', del grupo de los boletus pero bastante tóxica; 'Suilus granulatus', comestible y muy consumida en Francia; yesqueros, hongos descomponedores de los afiloforales y no comestibles; 'Amanita vaginata', de la familia de 'muscaria' (la roja de los duendes del bosque); otras del género 'Hebeloma', tóxica y cuyo olor tiene matices afrutados y a chocolate; y una 'Inocybe' con sus particulares olores a excremento de caballo o a semen. Cosas de la madre naturaleza.
Solo resta esperar a que llueva para disfrutar de otra adictiva aventura en busca de setas.

LA GUÍA 

Cómo llegar:

 Cojan la Autovía del Noroeste y, pasado Cehegín, tomen la salida 57 (Caravaca / Moratalla) y sigan en dirección Moratalla. Ya en la localidad, salgan por la MU-703, que les conduce, entre la sierra del Buitre (a su izquierda) y la de los Álamos hacia el Campo de Béjar.

Recomendaciones:

 Lleven pantalón largo, manga larga y gorra para protegerse de los arañazos. No olviden una navaja y una cesta, para la recolección. Si no saben distinguir  las setas, mejor, no las consuman ni recojan. Unos días después de que llueva, es el momento ideal para salir a buscarlas. Vuelva a cubrir con hojas la zona de la que extraiga las setas.

Cómo comerlos:

 Los guíscanos son una exquisitez que en Moratalla gustan de consumir con arroz. Recién cogidos y después de limpios (traten de evitar el agua, mejor con un trapo húmedo), sofrían un poco de ajo, echen las setas, añadan sal, un poco de vino y unos taquitos de jamón. Y disfruten.
































viernes, 1 de enero de 2016

VINOS Por qué Artadi deja la DO Rioja

Viñedos y bodegas




EL CRDO LA DESPIDE CON AMENAZAS DE CÁRCEL

Por qué Artadi deja la DO Rioja

VÍCTOR DE LA SERNA





Juan Carlos López de Lacalle, en la Viña El Pisón




El 31 de diciembre habrá sido el último día de Artadi en la Denominación de Origen Rioja. En los 90 años que ésta acaba de cumplir, es la primera vez que una bodega de prestigio –quizá la de más prestigio de las aparecidas en los 30 últimos años- la abandona por voluntad propia. Y lo ha hecho recibiendo del Consejo Regulador una desabrida providencia en la que se amenaza al "titular de las instalaciones", Juan Carlos López de Lacalle, con penas de hasta dos años de cárcel si a partir de ahora se le ocurre en sus etiquetas o documentos mencionar "Rioja" o alguno de los municipios incluidos en su ámbito geográfico. 


La providencia, firmada por el director del "órgano de control" de la DO, Pablo Franco Sarria, es una última muestra de prepotencia, un último desplante de una entidad que ha ido dejando de lado el objetivo primigenio de las denominaciones de origen del vino creadas en Europa a principios del siglo XX: defender el origen, la autenticidad y la calidad de los vinos producidos en territorios privilegiados, merecedores de una marca colectiva que contribuya a prestigiarlos. 

López de Lacalle argumenta que la imagen de sus vinos, y en consecuencia su cotización, se ve injustamente disminuida en el mundo por la automática asociación que se hace en la mente de los consumidores entre "Rioja" y "vino barato de supermercado". Sus peticiones de nuevas exigencias y categorías de calidad dentro de la DO se han topado con los oídos sordos de quienes ostentan el poder en ella. 

Rioja, que desde la segunda mitad del siglo XIX ha albergado la mayoría de las bodegas más prestigiosas de España, sobre todo las elaboradoras de vino tinto, ha optado claramente por un modelo productivista, de paulatino aumento de la superficie de viñedo (62.000 hectáreas en la actualidad, un 50% más que hace un cuarto de siglo) y de tolerancia de los rendimientos. 

Con una producción que fluctúa entre los 220 y los 300 millones de litros, Rioja está produciendo principalmente una enorme masa de vinos muy baratos de supermercado. No difiere en ello de la mayoría de las demás denominaciones: casi todas se contentan con esa categoría. Pero ninguna tiene detrás la historia de Rioja ni dispone de su potencial de calidad. Y hoy, en los supermercados del mundo, se encuentran riojas en los precios más modestos de cada escalafón local. 

Saltarse el reglamento 

En su expansión cuantitativa, la denominación llegó en noviembre a una nueva cota sin precedentes: saltarse su propio reglamento, que en el artículo 8.2 sobre rendimientos máximos de producción prevé que "este límite podrá ser modificado anualmente por el Consejo Regulador". Lo que hizo fue aprobar un aumento, no para un año, sino para los tres años siguientes. 


En efecto, el pleno del Consejo Regulador aprobó lo que los medios regionales consideraron "un notable aumento de los rendimientos de campaña": en 2016 ese aumento podrá llegar a los 27 millones de litros. La medida salió con una cómoda mayoría de 154 de los 200 votos. En la nueva estructura de las denominaciones de origen en España, con la formación de Interprofesionales, los grandes grupos privados o cooperativistas, junto a los sindicatos, ejercen un control abrumador que deja fuera de juego a las bodegas más pequeñas de calidad y aceleran la marcha del vino hacia la industrialización masiva. 


En el mismo pleno se aprobó el incremento continuado de la superficie de viñedo (hasta 1.600 hectáreas en esos tres años) aunque se especificó que por primera vez no se admitirán nuevas plantaciones en ricos suelos de huerta, más propios para las berenjenas. Pero, claro, ninguna de las viñas anteriormente aprobadas, miles de hectáreas en suelos demasiado ricos para la viticultura de calidad, en municipios como el de San Asensio, se verá afectada. De ahí seguirán saliendo vinos con la contraetiqueta "calificada" de Rioja. 

La calidad de los terruños de viña admitidos en una denominación está en el meollo de las quejas de Artadi y de muchos otros protagonistas del vino en España, que la semana próxima harán público un importante manifiesto al respecto. Y es que, a diferencia de los reglamentos de las denominaciones de prestigio en Francia, Alemania o Italia, en España la calidad de los terruños –suelo, subsuelo, microclima, orientaciones...- no aparece para nada en los reglamentos. Ello ha provocado el olvido de los milenarios pagos en Jerez y, en Rioja, ha colocado en pie de igualdad los patatales y las viñas en laderas calizas de bajísimos rendimientos. 


En Rioja –y, siguiendo su ejemplo, en las demás denominaciones españolas, salvo la pionera de la alta calidad, Priorat- la calidad se mide por tiempo y tipo de envejecimiento: joven, crianza, reserva, gran reserva... Se obliga incluso a un único recipiente de crianza, la barrica bordelesa de 225 litros. Pero de la viña, nada de nada. 

El modelo francés 



En Francia, cuna del concepto de "origen" del vino, las denominaciones se subdividen en zonas, municipios y pagos: sólo los municipios que superan la calidad genérica de la denominación tienen derecho a aparecer en la etiqueta, sólo los pagos que superan la de su municipio pueden hacerlo, y en Burdeos y Borgoña se establecen diferentes niveles de pagos. 






La diferenciación geográfica sí que es cualitativa en su esencia, y en cuanto un pueblo o un pago son reconocidos como superiores su prestigio y sus precios aumentan. En la Côte de Beaune borgoñona, Saint-Aubin y Chassagne-Montrachet son colindantes, pero los terruños de este último pueblo son reconocidos como mejores, y su cotización es muy superior. En zona bordelesa, las batallas a la hora de la revisión cada diez años de la clasificación de pagos en Saint-Émilion son épicas, y hace poco elmundovino narraba el último episodio de la pérdida de la categoría de 'grand cru' por tres propiedades vitícolas. Casi ni hace falta mencionar la polémica sobre si en Volnay un 'premier cru' debe o no pasar a 'grand cru'... 


En España la historia, la tradición y el conocimiento de los terruños permitirían ir adoptando clasificaciones cualitativas (hay mapas geológicos detallados guardados en cajones de las DO Rioja y Ribera del Duero), pero los intereses creados de los grandes productores industriales lo impiden: el gran truco español es poder mezclar uvas de cualquier lugar de una denominación, lo cual implica fuertes ahorros, para hacer vinos de marca con enormes producciones. Lo del vino de un pueblo, y no digamos de un pago, no les interesa absolutamente nada. 


Todo ello ha hastiado a Artadi, que ha tenido el coraje de romper la baraja, pese a los serios inconvenientes en la reglamentación europea de estar fuera de una DO. ¿Que pueden haber intervenido criterios políticos, que si hay un trasfondo vasco por estar en la Rioja Alavesa y estar siempre la secesión en un telón de fondo? Los haya o no los haya, es indiferente. La protesta es fundada, genuina y razonable. 


La política cegata de España en el último cuarto de siglo, la de más y más vino, más y más industrial, nos ha llevado a ese precio medio de 1,02 euros por litro, el más bajo del mundo, y contrasta con los inteligentes esfuerzos de Italia durante ese mismo tiempo, que han aupado a sus vinos a niveles de prestigio ya cercanos a los de Francia. 


El caso de Rioja es particularmente doloroso porque, con viñas y bodegas en cuatro comunidades autónomas, ésta es una de las tres DO españolas que no están regidas por políticos locales, sino por el Gobierno de la nación a través del Ministerio de Agricultura. La responsabilidad de éste es así más grave: ha favorecido la bastardización de la zona de mayor prestigio histórico en vez de propulsarla a los niveles de Burdeos, Borgoña, el Mosela o Piamonte, como se merecía. Y la indefinición política en España tras las elecciones agrava aún más la situación. 



El caso es que, aparte de aquellas botellas ya etiquetadas y que irán saliendo en las próximas semanas de la bodega, toda la producción de Artadi –empezando por el Viñas de Gain 2014- va a aparecer como 'vino', lo que hasta hace poco se llamaba 'vino de mesa', y sin indicación geográfica alguna. Sus clientes sabrán, claro está, que si en la etiqueta pone 'El Pisón' o 'El Carretil', su origen es una de las viñas más excelsas de este país y del mundo, pero nadie lo certificará. 



La DO Rioja se ha pegado un tiro en su propio pie, como dicen los anglosajones, en su cerrazón mercantilista. Artadi sigue estando donde siempre: la que ha perdido es la DO Rioja. Ha perdido credibilidad a los ojos del mundo y del mercado. Y no digamos si cunde el ejemplo... 




sábado, 26 de diciembre de 2015

Ponzano: una calle para comérsela




Ponzano: una calle para comérsela


Si hablamos de turismo gastronómico o simplemente del puro placer de comer, hay un destino claro: la calle Ponzano de Madrid.

La entrada del Bar Muta en la madrileña calle Ponzano.
La entrada del Bar Muta en la madrileña calle Ponzano.




Si hablamos de turismo gastronómico o simplemente del puro placer de comer, hay un destino claro: la calle Ponzano en Madrid. En el distrito de Chamberí, entre las calles Santa Engracia y Ríos Rosas (2 manzanas), conviven el tapeo clásico de tabernas y tascas con azulejo y barras de toda la vida junto con restaurantes que han aportado nuevos sabores y propuestas en poco más de 500 metros. Nos unimos al #Ponzaning y hacemos un repaso de estos últimos.

DE ATÚN

La barra de De Atún.
La barra de De Atún.
Calle Ponzano, 59. Tel. 910 33 88 63. Precio medio: 40 euros aprox.
De los últimos en abrir en esta calle, lleva desde el 1 de diciembre sirviendo atún de almadraba traído desde Barbate. El empresario Christopher Golding y el chef de Zahara de los Atunes, Damián Ríos, han elaborado una carta con el atún como rey absoluto.
Dos opciones para probarlo: o bien de tapeo en mesas altas o en platos más elaboradores en el restaurante. Y si hay alguien en el grupo que no le va mucho el atún también hay algunos platos que no lo llevan.

RESTAURANTE CANDELI

Restaurante Candeli
Restaurante Candeli
Calle Ponzano, 47. Tel. 917 37 70 86. Precio medio: 35 euros.
En Candeli no han querido elegir entre carne y pescado. Se han especializado en las dos y ¡a la parrilla!.
Con cocina vista, zona para tapeo y restaurante, en Candeli se cocina producto de temporada. La calidad de sus productos está expuesta en su barra. Puedes comprar los vinos en su bodega y luego descorcharlos allí o llevártelos.

LE QUALITÉ TASCA

Le Qualité Tasca
Le Qualité Tasca
Calle Ponzano, 48. Tel. 910 14 69 20. Precio medio: 30 euros.
Es como una casa de comidas pero remozada en blanco y grandes cristaleras. En la cocina miman el producto y a la sala le han dado un aire más nórdico (madera y paredes blancas).
Los dueños, Marcos y María, hablan con los proveedores para asegurarse de poner en la mesa producto revisado por ellos. Con él elaboran una carta sencilla con destellos de originalidad.

TOQUE DE SAL

Toque de Sal
Toque de Sal
Calle Ponzano, 46. Tel. 912 64 65. Precio medio: 30 euros aprox.
En un ambiente de bistró parisino, este espacio ofrece cocina de mercado con un toque afrancesado. Aquí se puede acudir a desayunar, tapear, comer, cenar y hasta tomar copas. Platos como el steak tartar o el rabo de toro son estrellas de la carta. Para finalizar sorprende su postre de mousse de chocolate con un toque de sal. Y en su oferta de vinos, algunas referencias de la región de Burdeos.

LA MÁQUINA DE CHAMBERÍ

La Maquina de Chamberí
La Maquina de Chamberí
Calle Ponzano, 39. Tel. 913 99 21 50. Precio medio: 40 euros aprox.
El grupo La Máquina también desembarcó en esta calle gourmet de Madrid. Han distribuido el espacio, que en su día ocupó el restaurante Alborán en dos ambientes: una gran barra de pinchos para el tapeo y un comedor para darse un homenaje. Sus especialidades son arroces, pescados y frituras. Y como servicio extra en una calle tan transitada, tienen servicio de aparcacoches. Y para el verano es de agradecer su terraza en un patio interior.

LA CONTRASEÑA

La Contraseña
La Contraseña
Calle Ponzano, 6. Tel. 911 72 63 78. Precio medio: 35 euros.
Su fachada no refleja todo lo que tiene este restaurante en su interior. Lo primero que ves al entrar es su barra, muy animada y perfecta para el tapeo y los primeros vinos. Según te adentras en el local encuentras enormes y diáfanos espacios decorados con estilo colonial para degustar tranquilamente la carta.
Y aquí puedes comer un poco de todo, es decir, cocina internacional con buen acabado. Si después hay energía para las copas, La Contraseña tiene una entreplanta para continuar la noche. Y si prefieres intimidad reserva en El Escondido, un lugar aislado del resto del restaurante.

LAMBUZO

Lambuzo
Lambuzo
Calle Ponzano, 8. Tel. 915 13 80 59. Precio medio: 25 euros.
La familia Moreno García abrió su segunda sede en la ciudad en Ponzano, donde, entre tanta oferta gastronómica, tenía que estar presente Cádiz. Y esto es lo que ofrecen: producto mayoritariamente gaditano para degustar en tapas o platos y un pequeño colmado o abacería para comprar algunos productos. En la barra o en el comedor, es un sitio perfecto para compartir y probar un poco de todo (de ahí viene Lambuzo, el que come de su propio plato y del ajeno).

SALA DE DESPIECE

Sala de Despiece
Sala de Despiece
Calle Ponzano, 11. Tel. 917 52 61 06. Precio medio: 30 euros.
Imaginemos que alguien busca la esencia y la muestra de una manera original y llena de creatividad. Esto es Sala de Despiece: una barra abierta al tapeo y al bullicio pero… con un envoltorio de lo más moderno. De un blanco impoluto han envuelto el local y a los camareros para resaltar con ello la importancia que le dan al único protagonista: el producto. ¿Y qué hacen con él? Una carta imaginativa con propuestas que no dejan indiferente. El resultado: pásate cualquier día a ver si tienes suerte y puedes entrar.

MUTA

Muta Bar
Muta Bar
Calle Ponzano, 10. Tel. 912 50 98 97. Precio medio: 30 euros aprox.
El concepto se llama Muta pero si vas buscando el nombre por la calle no lo encontrarás porque muta constantemente. Cada cierto tiempo transforman el restaurante y lo dedican a algún país o tipo de cocina.
Por allí ha pasado la cocina de Brasil, la de Baleares… y durante el mes de diciembre se ha instalado Smoking Club. Un homenaje al humo y a todo lo que se hace lentamente, con cocciones largas y pacientes. Otra idea de Javier Bonet, el creador de Sala de Despiece.

sábado, 17 de octubre de 2015

¿Hubo genocidio en América?

¿Hubo genocidio en América?


Fernando Díaz Villanueva

Hace unos 15.000 años (milenio arriba milenio abajo) el estrecho de Bering, un brazo de agua de unos 80 kilómetros de ancho situado en el extremo septentrional de América, quedó, tras el fin de la última glaciación, anegado por las aguas del Pacífico. Este detalle carecería de importancia si no fuese porque en la ribera oriental del recién formado estrecho quedaba aislada una comunidad humana prehistórica, que había ido llegando a pie desde Siberia gracias a que el nivel del mar era unos 120 metros inferior al actual. Estas dos partes de la humanidad, una en el viejo mundo y otra en el nuevo, ajenas ambas a la existencia de la otra,permanecieron separadas durante 16.000 años o, lo que es lo mismo, unas 700 generaciones. Para poner en perspectiva la cifra recuerde que la pirámide de Keops fue levantada hace 4.500 años o que el Imperio Romano alcanzó su máxima extensión territorial hace menos de dos mil años.
La historia de los seres humanos en América comienza con un aislamiento milenario, y eso ayuda bastante a explicar todo lo que sucedió







La historia de los seres humanos en América comienza con un aislamiento milenario, y eso ayuda bastante a explicar todo lo que sucedió cuando este pequeño grupo, que se había multiplicado y extendido por un gigantesco continente que va de polo a polo, se encontró de golpe con el resto de la especie. Durante este tiempo las dos comunidades que, no lo olvidemos, estaban aún en el paleolítico, se fueron desarrollando de manera paralela, adaptándose a entornos diferentes mediante sus propias estrategias de supervivencia en el que quizá haya sido el mayor experimento natural que haya visto el mundo. La consecuencia de la gran separación, o el gran aislamiento dependiendo de cómo queramos verlo, fue queuna de las comunidades se desarrolló más lentamente, exponiéndose así a un reencuentro traumático. Y no es que fueran tontos, es que eran muchos menos y les tocó lidiar con la geografía americana, mucho más agreste que la euroasiática, con catástrofes naturales más devastadoras y frecuentes y con el hecho de que el eje de las tierras emergidas describe en América una línea longitudinal y no latitudinal como en el caso de Eurasia, con las implicaciones climáticas que eso conlleva de cara a la movilidad y al trasiego de habilidades, experiencias y cultivos.
Los primeros habitantes de Eurasia que consiguieron atravesar la sima oceánica que separa ambas masas de tierra fueron españoles por la simple razón de que España se encuentra al borde mismo de esa sima. No hubo genialidad ninguna, bien podrían haber sido franceses, portugueses, ingleses e incluso árabes, aunque estos últimos nunca mostraron demasiado interés en la navegación. De hecho, técnicamente los primeros euroasiáticos en pisar suelo americano fueron los vikingos, pero alcanzaron el continente demasiado al norte, donde la población era escasa y el clima severo. Por no hablar de que los escandinavos del siglo XI eran uno de los pueblos más atrasados tecnológicamente de todo el viejo mundo, por lo que no disponían ni del capital ni de los conocimientos adecuados para una conquista y ocupación sostenida de los nuevos territorios.

Leiv Eiriksson descubre América del Norte, de Cristiano Krohg (1893)

Al final la reconexión entre estos dos grandes grupos humanos recayó en los pueblos de Europa occidental, con especial intensidad en los de la península ibérica, condenados a un rincón del continente y con el océano como única salida. Tras el primer viaje de Colón y su regreso triunfal un aluvión de españoles se derramó sobre América, primero sobre el Caribe y, más tarde sobre el centro y el sur del continente. Fue el comienzo de una estampida humana a través del Atlántico que hoy sigue su curso y que cambió dramáticamente el mundo, y no precisamente para mal. Como no podía ser de otra manera, las consecuencias de esta invasión fueron inmediatas.
Los españoles de la época no eran nada especial, eran simplemente una expresión más, ni siquiera la más refinada, de las muchas revoluciones que se habían producido en Eurasia desde el momento de la separación. Traían una tecnología superior, empezando por la navegación misma. Ningún pueblo americano, ni los más avanzados, estaba en condiciones de efectuar un viaje semejante. Dominaban, además, la metalurgia, la escritura y la pólvora. Disponían de un abanico muy amplio de animales domésticos que, amén de hacerles gran parte del trabajo, constituían un suministro continuo de proteínas que se sumaba al de unas cuantas especies vegetales muy productivas y con gran aporte nutricional como el trigo, la cebada o el arroz. Creían en un único dios trascendente, es decir, que estaba fuera de la Tierra y al que acompañaba un teología sofisticada y puesta por escrito, muy lejos de chamanismo prehistórico de las culturas americanas, alimentado por la extraordinaria abundancia de plantas alucinógenas que siempre hubo en el nuevo mundo. Por último, portaban consigo enfermedades nuevas, desconocidas y letales para los habitantes del hasta entonces incomunicado hemisferio occidental.
Si hubo un genocidio este fue biológico, no muy diferente al que la peste bubónica infligió a Europa a mediados del siglo XIV






Los españoles sabían de todas sus ventajas y las pusieron a trabajar a su favor, menos de la ventaja fundamental, que era la biológica y la que terminaría por inclinar la balanza. Se estima que entre el 90 y el 95% de la población de las Indias –así dieron en llamarlas los primeros españoles en la creencia de que habían llegado a las inmediaciones de la India–, murió a causa de enfermedades muy comunes en Europa pero que en América eran inéditas. Si hubo un genocidio este fue biológico, no muy diferente al que la peste bubónica infligió a Europa a mediados del siglo XIV. Pero las epidemias no son propiamente genocidios, son epidemias. Por poder podemos emplear el término genocidio, pero eso sería retorcer el idioma sin más sentido que el de satisfacer ciertos desvaríos ideológicos o el de apuntalar algunas agendas políticas.
Conforme al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional un genocidio es cualquier acto intencionado que busque “destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal”. Luego no fue un genocidio desde el punto de vista jurídico, pero tampoco lo fue si nos atenemos al significado coloquial del término, que en nuestra lengua y según recoge el diccionario de la Real Academia viene a ser “el exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de religión o de política”.
Los españoles en América –y quien dice españoles dice portugueses, ingleses, franceses u holandeses– no tuvieron nunca la intención de eliminar sistemáticamente a grupo social alguno, al menos durante los dos o tres primeros siglos de presencia europea en el continente. Lo que si tuvieron todos ellos fue la voluntad de apoderarse de las tierras recién descubiertas. Lo hicieron a través de todos los medios posibles, incluidos la negociación amistosa y la compra de terreno a los indígenas, aunque prevaleció la conquista al estilo tradicional. En el caso de los españoles, que eran muy pocos durante el primer siglo por la propia debilidad demográfica de la metrópoli y la larga y costosa travesía oceánica, fueron habituales los pactos entre el conquistador y los indígenas locales ansiosos de desquitarse de otras tribus con las que llevaban largo tiempo guerreando, o simplemente porque les movía idéntica voluntad de conquista que a los españoles, a quienes consideraban aliados especialmente recomendables dada su superioridad tecnológica.
La crueldad desplegada por los conquistadores era la propia de la época, no muy distinta a la que se dispensaban los europeos entre sí en sus muchas guerras internas







De este modo se conquistó México. Cortésnunca podría haberlo hecho solo, pero al concitar una alianza de todos los que aborrecían al poder imperial, consiguió doblegar al tatloani azteca. Uno de los lugartenientes de Cortés,Pedro de Alvarado, se valió de la ayuda de los quauhquecholtecas y de los cakchiqueles para adueñarse de lo que hoy es Guatemala, Honduras y El Salvador. La crueldad desplegada por los conquistadores era la propia de la época, no muy distinta a la que se dispensaban los europeos entre sí en sus muchas guerras internas, por ejemplo, en las de religión que en aquellos mismos años se despachaban con gran profusión de sangre en el viejo continente. Los caudillos indígenas tampoco escatimaban quebrantos para sus enemigos. Al efecto es muy instructivo el llamado Lienzo de la Conquista, que se conserva en la ciudad mexicana de Puebla y en el que los indígenas conquistadores narran como derrotaron a los indígenas conquistados, los quiché, de la mano de los españoles, a quienes pintan barbados, vestidos, a caballo y no especialmente amenazantes. 

Lienzo de Quauhquechollan (1530-1540)

Una vez concluida la conquista tampoco se produjo genocidio alguno. Y para demostrar esto no hace falta mucho esfuerzo. De haber sido eliminados físicamente hoy no quedaría ningún amerindio o serían una rareza étnica como los maoríes neozelandeses. Pero no es así. América, especialmente la América hispana, es un continente mestizo en el que aún subsisten decenas de lenguas indígenas prehispánicas, algunas con varios millones de hablantes. Lo que si hicieron los españoles del siglo XVI fue poner a trabajar para ellos a todos los indígenas, al menos a todos a los que sobrevivieron a la viruela, al tiempo que los integraban a la fuerza en la nueva sociedad que levantaron a una velocidad asombrosa en sus recién adquiridos dominios. Nada extraño por otra parte, eso es lo mínimo que han hecho los conquistadores en todo tiempo y lugar siempre que han podido permitirse el lujo de hacerlo.
Los españoles replicaron el reino de Castilla al otro lado del Atlántico con sus mismas instituciones y orden jurídico, hasta el tribunal del Santo Oficio se llevaron. Nunca lo tomaron como una colonia, sino como una extensión natural de su propio país. Eso implicó la fundación de ciudades y universidades, la construcción de catedrales, palacios, puertos, fortalezas, caminos… y la difusión de su lengua, su religión y su cultura. También implicó la desaparición de las civilizaciones precolombinas, pero no de todas, muchas ya habían desaparecido antes de su llegada. La de los mayas quizá sea la más conocida pero no fue la única.
Lo que hizo España en América fue muy similar a lo que había hecho Roma en la vieja Hispania milenio y medio antes
Lo que hizo España en América fue muy similar a lo que había hecho Roma en la vieja Hispania milenio y medio antes, con la diferencia de que los romanos fueron mucho más esquivos a la hora de otorgar la ciudadanía romana a los hispanos, mientras que a los nativos americanos se les concedió el título de súbditos del rey desde el preciso instante en el que Colón y sus hombres pusieron el pie en la playa de Guanahaní. Probablemente los conquistados no deseaban ser españoles como los antiguos íberos no querían ser romanos, pero no les quedó más remedio. La historia no es como nos gustaría que hubiese sido, sino como fue. Aplicar los patrones morales actuales a eventos que acontecieron hace medio milenio es o un autoengaño o meras ganas de enredar para poner la historia al servicio de ideas políticas que son más de hoy que de ayer. Dos siglos después de la conquista, cuando Felipe V encargó la construcción del nuevo palacio real de Madrid tuvo muy en cuenta que su reino abarcaba ambas orillas del Atlántico, que él era tan sucesor de Isabel la Católica como de Atahualpa. Por eso, en la fachada principal del palacio, junto a su estatua y la de su hijo hizo colocar otras dos que representaban al gran Inca y a Moctezuma, emperador de los aztecas. Ahí siguen como testigo mudo de un genocidio que nunca fue.